| |
TEMAS DE INTERÉS Y REFLEXIÓN
Absolutamente todos los seres humanos nacemos con una serie de capacidades, algunas son comunes en todas las persona, otras son diferentes, sin embargo, desde el momento en que las poseemos, adquirimos la posibilidad de desarrolladas, y si no las tenemos, de construirlas.
LLEGAR A SER
Aparentemente el objetivo más deseable para el individuo, la meta que persigue a sabiendas o inconscientemente, es llegar a ser él mismo.
Descubre que en gran medida su conducta y los sentimientos que experimenta son irreales y no se originan en las verdaderas reacciones de su organismo, sino que son sólo una fachada, una apariencia tras la cual trata de ocultarse. Descubre que una gran parte de su vida se orienta por lo que él cree que debería ser y no por lo que es en realidad. A menudo advierte que sólo existe como respuesta a exigencias ajenas, y que no parece poseer un sí mismo propio; descubre que trata de pensar, sentir y comportarse en la manera que los demás creen que debe hacerlo.
Sören Kierkegaard señala que, por lo general, la causa de la desesperación reside en no elegir ni desear ser uno mismo y que la forma más profunda de desesperación es la del individuo que ha elegido “ser alguien diferente de sí mismo”. Por otro lado, en el extremo opuesto a la desesperación se encuentra el “desear ser el sí mismo que uno realmente es”; en esta elección radica la responsabilidad más profunda del hombre. Este bien puede ser uno de los trabajos que más dedicación requiera pues hay que ejercitar nuestra conciencia diariamente sobre lo que hacemos, para qué, de dónde viene ese acto, cómo me relaciono (con quién y para qué fin, qué espero de esa relación), qué puedo corregir, cómo lo corrijo..., sin embargo podemos echar mano de una serie de medios que nos pueden facilitar ese trabajo. La psicoterapia, inventarios personales, lecturas, cursos, talleres, conferencias, etc., pueden resultar muy útiles en nuestro proceso de encontramos y ser nosotros mismos.
COHERENCIA
Coherencia significa ser exactamente lo que se es, y no un disfraz, un rol, una simulación. El término se emplea para indicar una exacta adecuación entre vivencia y conciencia, pero su significado puede extenderse para incluir también la correspondencia entre vivencia, conciencia y comunicación.
El constructo de la coherencia tiene un corolario difícil de apreciar; puede enunciarse en los siguientes términos: si en este momento un individuo es enteramente coherente, si su experiencia fisiológica real tiene una representación consciente adecuada, y su comunicación es coherente con su apercepción, el mensaje que emite nunca puede referirse a un hecho externo. Una apercepción adecuada de la experiencia siempre se expresaría en términos de sentimientos, impresiones, significados correspondientes a puntos de referencia internos. Nunca se que él es tonto ni que tú eres malo; sólo puedo percibir que es lo que a mí me parece.
En algunos casos advertimos que cierto individuo no sólo dice lo que siente y piensa, sino que además expresa de manera abierta y franca sus sentimientos más profundos, sean de ira, competencia, afecto o cooperación. Con respecto a esa persona sentimos que “sabemos exactamente dónde está parado”. En el caso de otro individuo, en cambio, comprobamos que sus palabras deben ser un disfraz, una máscara; nos preguntamos qué siente en realidad y si sabe lo que está sintiendo, y tendemos a ser cuidadosos y precavidos en nuestra relación con él.
Cuanto mayor sea la coherencia entre experiencia, conciencia y comunicación por parte de un individuo, mayores serán las posibilidades de que la relación que establece con el otro, presente una tendencia a una comunicación recíproca de coherencia cada vez mayor y determine una comprensión mutua más precisa de los mensajes, mejor adaptación y funcionamiento psicológico de ambas partes y más satisfacción mutua en la relación.
AUTOPERCEPCIÓN
Cuando cambias la forma de pensar y de sentir acerca de tu propio ser, aceptándote tal cual eres en lugar de enjuiciarte, se torna más realista el modo de conceptuarte a ti mismo. Comienzas a parecerte a la persona que querrías ser y te valoras más, adquieres confianza y mayor capacidad de adoptar tus propias decisiones. Se alcanza una mayor comprensión de sí mismo, llegas a ser más abierto a tu experiencia, con lo que se disminuye la tendencia a negar o reprimir algunos aspectos de ésta y comienzas a aceptar mejor tus actitudes hacia otros, pues adviertes las semejanzas que existen con los demás. Así, disminuyes la frustración provocada por el estrés y te recuperas más fácilmente de éste; los amigos comienzan a advertir que tu conducta es más madura, te tomas menos defensivo, más adaptado y más capaz de enfrentar situaciones nuevas con actitudes originales.
RELACIÓN AUTÉNTICA
Cuanto más auténtico puedo ser en la relación, tanto más útil resultará esta última. Esto significa que puedo tener presente mis propios sentimientos, y no ofrecer una fachada externa, adoptando una actitud distinta de la que surge de un nivel más profundo o inconsciente. Ser auténtica significa también la voluntad de ser y expresar, a través de mis palabras y conductas, los diversos sentimientos y actitudes que existen en mí. Esta es la única manera de lograr que la relación sea auténtica, condición fundamental.
Cuanto mayor sea la aceptación y el agrado que experimento hacia un individuo, más profunda y poderosa resultará la relación que se esta creando. Entendiendo por aceptación un cálido respeto hacia él como persona distinta, el deseo que sea y posea sus propios sentimientos, y actitudes, al margen del carácter positivo o negativo de estas, y aun cuando puedan contradecir en diversa medida otras actitudes que ha sostenido en el pasado.
Cuando logro sentir con libertad la capacidad de ser una persona independiente, descubro que puedo comprender y aceptar al otro con mayor profundidad, porque no temo perderme a mí mismo.
Los juicios de valor
Los juicios de valor no estimulan el desarrollo personal y tampoco el interpersonal, no deben formar parte de una relación. Una evaluación positiva resulta al final tan amenazador como una negativa, puesto que decir a alguien que es bueno implica también el derecho a decirle que es malo. Cuanto más libre de juicios y evaluaciones pueda tener una relación, tanto más fácil resultará comprender que el centro de la responsabilidad reside en sí mismos.
Conocer y aceptar a otros
¿Es necesario permitirse conocer a otro? Efectivamente es así. Nuestra primera reacción ante las afirmaciones que oímos de otras personas suele ser una evaluación inmediata o un juicio, más que un intento de comprensión. Cuando alguien expresa un sentimiento, una actitud o creencia, tendemos a pensar: “Está en lo correcto”; o “Es una tontería”; “Eso es anormal”; “No es razonable”; “Es incorrecto”; “Es desagradable”. Muy pocas veces nos permitimos “comprender” exactamente lo que su afirmación significa para él. Esto puede deberse a que comprender es riesgoso. Si me permito comprender realmente a otra persona, tal comprensión podría modificarme, y todos experimentamos temor ante el cambio. Por lo tanto no es fácil permitirse comprender a un individuo, penetrar en profundidad y de manera plena e intensa.
Aceptar a otra persona realmente, con sus propios sentimientos, no es fácil y comprenderla tampoco. ¿Puedo permitir a otra persona sentir hostilidad hacia mí? ¿Puedo aceptar su enojo como una parte real y legítima de sí mismo? ¿Puedo aceptarla como encara la vida y sus problemas y manera muy distinta a la mía? ¿Puedo aceptarla cuando experimenta sentimientos muy positivos hacia mí, me admira y procura imitarme? Todo esto está implícito en la aceptación y no llega fácilmente.
En nuestra cultura es muy común pensar: “Todas las demás personas deben sentir, juzgar, y creer tal como yo lo hago”. Es muy difícil permitir a nuestros padres, hijos o cónyuges sentir de modo diferente al nuestro con respecto a diferentes temas o problemas. Las diferencias entre los individuos, el derecho de cada uno a utilizar su experiencia a su manera y descubrir en ella sus propios significados es una de las potencialidades más valiosas de la vida.
Cada persona es una isla en sí misma, en un sentido muy real, y sólo puede construir puentes hacia otras islas sí efectivamente desea ser él mismo y está dispuesto a permitírselo.
Cuanto más aceptado y comprendido se siente un individuo, más fácil le resulta abandonar los mecanismos de defensa con que ha encarado la vida hasta ese momento y comenzar avanzar hacia su propia maduración.
EL JUICIO
El juicio sólo sirve para confundir el comportamiento inconsciente de la otra persona con su identidad real o para proyectar su propia inconsciencia en la otra persona y confundir tu proyección con su identidad.
El juicio condiciona al amor. Dice, te amaré si encuentro que cumples lo que espero, y si pasas mis evaluaciones. Una mente que juzga hace listas, con frecuencia inconscientemente, de pasar la crítica por amor. En contraste, el perdón no pone condiciones. El perdón permite, simplemente, que el amor sea como es. El perdón es el cambio sutil en nuestra percepción que nos permite ver lo que tenemos en común en lugar de nuestras diferencias. Es una lluvia tibia y gentil que lava nuestra perspectiva negativa del pasado.
La aceptación y el perdón representan el lado opuesto del juicio. Nos mostrarán el camino hacia la serenidad.
Mira el juicio como es y lo que crea, el juicio te sentencia a la culpa, a una autoestima baja, y a sentimientos de ser inadecuado.
Renunciar a juzgar no implica que no reconozcas la disfunción y la inconsciencia cuando las veas. Significa -ser el conocimiento- en lugar de -ser la reacción- y el juez. Entonces te liberarás totalmente de la necesidad de reaccionar.
LA ACEPTACIÓN
Para cambiar verdaderamente, debemos aceptamos primero como somos, sin reservas. Debemos ser capaces de vemos más allá de nuestra disfunción y ver nuestra integridad esencial. Si no nos abordamos con una actitud de aceptación y amor, nos herimos. Y mientras nos herimos, el cambio positivo profundo es imposible. El único cambio que ocurre al condenarte a ti mismo es que terminas hiriéndote.
La paradoja del cambio es que no podemos efectuar un cambio profundo hasta que primero nos aceptemos como somos, cuando me acepto como soy, puedo modificarme.
La aceptación no significa condenar al comportamiento negativo. Simplemente, significa que para cambiar nuestro comportamiento (o para alentar a otra persona a cambiar) debemos comprender que existe una persona valiosa debajo de ese comportamiento. La paz llega al aceptar las cosas que no está en nuestro poder cambiar. Esto significa que no podemos controlar a otras personas.
Cuando te aceptas tal cual eres las relaciones se toman reales, te brindas a ti mismo y a las personas con todo tu ser. Las relaciones reales son atractivas por ser vitales y significativas.
RENDICIÓN
No busques ningún estado diferente del que tienes; así no producirás conflicto interno ni resistencias inconscientes. Perdónate por ser y estar. Perdónate por no estar en paz. En el momento en que aceptas completamente tu falta de paz, la no-paz se transforma en paz.
La cualidad de tu conciencia en este momento es el principal determinante del tipo de futuro que experimentarás; rendirte es la cosa más importante que puedes hacer para provocar un cambio positivo.
Para algunas personas, la rendición puede tener una connotación negativa que implica derrota, renuncia, incapacidad para responder a las pruebas de la vida, letargo, etc. La verdadera rendición, no obstante es algo totalmente diferente. Es un fenómeno puramente interno, que no implica que en lo externo no puedas emprender acciones para cambiar la situación.
No tienes que aceptar una situación de vida desagradable o indeseable. Aceptas el momento tal como es; después te pones en acción y haces todo lo posible por salir de la situación. La rendición es perfectamente compatible con la acción, con iniciar cambios o alcanzar objetivos.
En el estado de rendición, ves con claridad lo que hay que hacer y empiezas a actuar; vas haciendo una cosa cada vez, te centras en una cosa cada vez.
Si tu situación general es insatisfactoria, observa sus características específicas y pregúntate: ¿Hay algo que pueda hacer para cambiar la situación, mejorarla o apartarme de ella?, si es así, emprende la acción apropiada.
Si no puedes rendirte, actúa inmediatamente: expresa tu queja, haz algo que pueda cambiar la situación, o retírate de ella. Asume la responsabilidad de tu vida.
No resistirse no significa necesariamente no hacer nada. Lo único que implica es que la acción no va a ser reactiva.
Cuando te ocurra un desastre o algo vaya muy mal-enfermedades, incapacidad, pérdida del hogar, de la fortuna, la ruptura de una relación íntima, la muerte o el sufrimiento de un ser querido- has de saber que esa situación también tiene otro aspecto y estás a sólo un paso de algo increíble: la rendición.
Si te sientes de repente muy ligero, diáfano y en profunda paz, eso es una señal inequívoca de que te has rendido realmente.
EL AMOR CONDICIONAL
Muchos de nosotros crecimos en familias donde el mensaje hablado era: “Te amaré si…” hace que un individuo piense que no merece el amor o que debe complacer a otro para merecerlo.
Aquéllos de nosotros que recibimos este mensaje empezamos a creer que si mostrábamos a nuestros padres todo nuestro ser, incluyendo nuestros pensamientos oscuros y ocultos, seríamos rechazados. En consecuencia, aprendimos a mantener ocultos ciertos segmentos nuestros, con la esperanza de poder ser amados por completo.
La mayoría de nosotros tenemos secretos que mantenemos ocultos porque experimentamos temores similares. De ningún modo todos estos son sexuales.
Cuando sentimos que debemos mantener ocultos aspectos nuestros para ser aceptados, el resultado es que nunca nos sentimos merecedores del amor y apoyo que recibimos. Cuando conocemos a otra persona, podemos tender a juzgarla en términos de lo que ha hecho o no ha hecho en el pasado. Lo que piensas sobre la situación determina la experiencia que tienes.
No hay situaciones “buenas” o “malas”: todas las situaciones representan oportunidades para aprender. Lo que hagamos de cada situación depende de nosotros.
MANEJO DEL TIEMPO
Sobrevivir en el pasado o en el futuro
Miremos el pasado y el futuro como son realmente. Sencillamente, el pasado ya pasó: se fue, no está más aquí, no existe. El futuro todavía no está aquí; existe sólo en tu mente. Toda tu preocupación no tiene objeto; el único propósito al hacerte preocupar, es reforzar el temor en tu mente. En realidad, la preocupación puede crear lo que ahora te preocupa. Este fenómeno se llama profecía autorrealizable. Esta puede funcionar en dos direcciones dependiendo como se maneje: para alentar o preocupar. Si proyectamos un futuro negativo, basado en un pasado negativo, es muy probable que suceda.
El futuro suele imaginarse como mejor o peor que el presente. Si el futuro imaginario es mejor, te da esperanza o expectativas placenteras. Si es peor, crea ansiedad. Ambas son ilusorias.
La calidad de tu conciencia en este momento es lo que conforma el futuro, que, por supuesto, sólo puede ser experimentado y de alguna forma determinado por y con el ahora.
Mirar hacia el pasado o el futuro quita la concentración y estado de alerta, dejaría mí mente demasiado cansada y preocupada para enfrentar los nuevos peligros.
Ocúpate ahora
Si te marcas un objetivo y avanzas hacia él, eres consciente de a dónde quieres ir, pero valoras y das la máxima atención al paso que estas dando en este momento. Si te centras excesivamente en el objetivo, quizá porque estas buscando la felicidad, la realización, o completar tu sentido de identidad, dejas de honrar el ahora. Entonces se queda reducido a un simple paso intermedio sin valor intrínseco que te permite acceder al futuro.
Trata de conceder mucha más atención a lo que haces que al resultado que esperas obtener. Centra toda tu atención en lo que el momento te ofrezca. Este implica aceptar plenamente lo que es, porque no puedes conceder toda tu atención a algo y al mismo tiempo resistirte a ello.
No te preocupes por el fruto de tus acciones, mantente atento a la acción misma. El fruto ya vendrá cuando corresponda. Ésta es una práctica muy poderosa.
Quizá cueste reconocer que el tiempo es la causa de tus sufrimientos y de tus Problemas.
Mantente plenamente presente
Lo que causa tensión es estar “aquí” queriendo estar “allí”, o estar en el presente queriendo estar en el futuro. Es una disyuntiva que te desgarra por dentro.
La espera es un estado mental. Significa básicamente que quieres el futuro y no el presente. No quieres lo que tienes y quieres lo que no tienes. Cuando esperas estas creando un conflicto inconsciente entre tu aquí y tu ahora -el lugar donde no quieres estar -y el futuro proyectado- el lugar donde quieres estar.
Cuando honras, reconoces y aceptas plenamente tu realidad presente -dónde estás, quién eres y lo que estás haciendo ahora mismo-; cuando aceptas plenamente aquello de lo que dispones, entonces agradeces lo que tienes, agradeces lo que es, agradeces ser. La verdadera prosperidad es sentirse agradecido por el momento presente y por la plenitud de la vida ahora mismo.
Haz morir el pasado cada momento
Refiérete a él sólo cuando sea absolutamente relevante para el presente. Afronta el pasado desde el presente. Cuanta más atención le concedas al pasado, más probable es que te construyas una realidad con él.
Dolor, tiempo y actuación
Es nuestra percepción, creencias y pasadas experiencias las que determinan si sentimos dolor.
Hay un vínculo directo entre tu actuación y tu percepción del tiempo. Si estas preocupado por los fracasos pasados, hay poca posibilidad de que destaques en lo que haces. También es verdad en un adicto que se recupera o en las relaciones; si estamos aferrados al pasado, nunca tendremos la recuperación o relaciones que desearíamos.
Sólo el presente es real.
El pasado termino y el futuro todavía no está aquí.
La mayoría de las enfermedades relacionadas con la tensión son causadas por la preocupación por el pasado y el futuro. Tú estas aquí y ahora, mientras que tu mente está en el futuro; esto crea una brecha de ansiedad. Por lo tanto para lograr una salud óptima, necesitamos estar orientados hacia el presente.
El pasado es pasado. El futuro está en el futuro. El presente es presente.
Respiración
La respiración ha sido llamada la puerta hacia nuestra vida interior. El uso de ésta es ciertamente una manera práctica y poderosa para liberar tus preocupaciones por el pasado y el futuro.
EL ATAQUE Y LA DEFENSA
Me enfado y ataco cuando otra persona no vive de acuerdo con lo que espero.
Cuando nuestra paz depende del comportamiento de otra persona, más tarde o más temprano quedaremos desilusionados. Nuestra respuesta habitual a esta desilusión probablemente será la ira y la culpa. Uno puede ser un poco pasivo con su ira y retirarse diciendo: “No deseo resultar herido de nuevo”. Algunas personas pueden ser más agresivas, y culpar y atacar a la persona diciendo: “'No soy feliz y es culpa tuya”.
La verdad es que puedo tener un sin fin de desilusiones provenientes de todas partes, pero al final yo soy responsable de mi felicidad.
Cuando me enfado y ataco a otra persona, mi meta oculta es hacer que la otra persona se sienta culpable.
Alguien más es responsable de cómo me siento; el hacer que otra persona se sienta culpable de lo que hizo me hará sentir mejor.
Pregúntate en ese momento: ¿Cuándo el culpar a alguien me ha proporcionado una felicidad duradera?
La verdad sobre culpar a otros es: Cuando señalo a alguien con un dedo, culpándolo, tengo tres dedos señalándome a mí. El arrojar mi culpa a otra persona no me libera de ésta.
La proyección es el medio que utilizo para justificar el ataque.
Muchas veces en nuestras relaciones, vemos aspectos de nosotros mismos no deseados y negados, que se manifiestan en otras personas. Esto es proyección. El yo utiliza la proyección para hacernos sentir justificados al atacar a otros. Cuando elegimos estar conscientes de quiénes somos, debemos enfrentar las partes reprimidas de nuestro ser. Me refiero a esto como poseer nuestras proyecciones. Al hacerlo, limpiamos los lentes a través de los cuales vemos a los demás, dejamos de ver culpables y empiezo a responsabilizarme.
PENSAMIENTOS EN LAS PAREJAS
Pensamientos que alientan a las parejas a permanecer reprimidas.
1. Si tengo que trabajar en la relación, algo debe estar mal. Dos personas que se aman mutuamente no tienen que trabajar en su relación.
2. Cuando discutimos, alguien tiene que estar equivocado. Debo hacer todo lo posible por probar que algo es culpa tuya. También debo llevar la cuenta y asegurarme de tener la razón la mayoría de las veces.
3. Es mejor no hablar acerca de los sentimientos negativos. Si pretendo que todo está bien, todo estará bien. Si no hablo, no tendré que sentir.
4. Si hago que mi pareja se sienta culpable, eso me hará sentirme mejor. El culpar siempre es una buena defensa.
5. Siempre que te dé algo, debo esperar recibir algo tuyo a cambio.
La presencia de estos tipos de pensamientos al interior de una relación de pareja impide explorar la dinámica de la relación y en consecuencia poder mejorarla.
Pensamientos que alientan a las parejas a abrirse al amor
1. En nuestra relación, mi meta es no ocultarte quién soy. A veces, esto no es fácil, y en estas ocasiones, te pediré ayuda.
2. El saber quién soy incluye honrar todo lo que tú eres. Si juntos vemos más allá de las faltas, no hay nube oscura que nuestro amor unido no pueda alejar.
3. El amor no puede encontrarse a solas. Cuando no expreso sentimientos, doy la espalda a la oportunidad de aprender del amor y profundizar mi relación contigo y conmigo mismo.
4. Mi meta, la cual comparto con mi pareja, es vencer la culpa, no reforzarla. Mi pareja y yo hacemos esto a través del perdón. Decidan, como pareja, que no pasarán su tiempo tratando de hacer sentir culpable al otro, lo cual siempre da como resultado el conflicto. Determinen que ambos han tratado de culparse.
5. Cada pensamiento amoroso se fortalece a sí mismo. El dar Y recibir son en realidad una sola cosa.
Nuestras relaciones son los salones de clase donde tenemos la mejor oportunidad de aprender.
EL ORIGEN DEL MIEDO
El estado de miedo psicológico está divorciado de cualquier peligro real o inmediato. Puede adoptar diversas formas: desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor o fobias, etc. El miedo psicológico del que hablamos siempre se refiere a algo que podría ocurrir, no a algo que ya está ocurriendo. El miedo parece tener muchas causas: miedo a la pérdida, al fracaso, a que nos hieran, etc.
Adquirimos gran parte de la seguridad de lo que podría pasar con nosotros a través de nuestro propio comportamiento. Nuestro presente y nuestro futuro dependen de lo que haga o deje de hacer.
LA DISOLUCIÓN DE LA INCONSCIENCIA
Observa los diversos modos en que la intranquilidad, el descontento y la tensión surgen en ti como consecuencia de juicios innecesarios, resistencias a lo que es y la negación del ahora.
Lo inconsciente se disuelve cuando lo iluminas con la luz de la conciencia.
Interésate al menos tanto por lo que ocurre dentro de ti como lo que pasa fuera. Si consigues que lo de dentro este bien, lo de fuera encajará en su lugar. La realidad primaria está dentro; la secundaria, fuera.
Con la práctica de la auto observación, aumentará tu capacidad de hacer seguimiento de tu estado interno.
EL PODER DE ELEGIR.
La elección requiere conciencia, un elevado grado de conciencia. Sin ella no hay elección.
Nadie elige la disfunción, el conflicto, el dolor pues se alimentan con la inconsciencia. El poder de elegir implica adquirir la responsabilidad de esa elección. La libertad y la responsabilidad son alas del mismo pájaro.
RELACIÓN CONTIGO MISMO
Si no puedes sentirte a gusto cuando estás sólo, buscarás una relación para remediar tu inquietud. Puedes estar seguro que la incomodidad reaparecerá bajo otra forma y probablemente pensarás que otras personas son responsables de ello.
Hemos estado tan ocupados buscando afuera de nosotros, que no se nos había ocurrido tranquilizarnos y buscar en nuestro interior.
Tengo la posibilidad de decidir y la oportunidad de construir mi realidad.
La paz, la felicidad y la curación de nuestra vida se inician en nuestra propia mente.
CONDICIONES QUE PROMUEVEN LA CREATIVIDAD
La naturaleza misma de las condiciones internas de la creatividad implica que éstas no pueden forzarse, sino que es necesario aguardar que aparezcan espontáneamente. El campesino no puede hacer que la semilla germine; sólo puede proveer las condiciones nutritivas adecuadas para su desarrollo. Lo mismo sucede con la creatividad.
¿Cómo podemos establecer las condiciones externas capaces de estimular y enriquecer las condiciones internas ya descritas? Creando condiciones de seguridad y libertad psicológica se eleva al máximo la posibilidad de que surja una creatividad constructiva.
Condiciones:
Seguridad psicológica.
Esta condición puede establecerse mediante tres procesos relacionados entre sí.
1. Aceptación incondicional del individuo: Siempre que un maestro, padre, terapeuta u otra persona con funciones similares siente básicamente que éste es valioso por derecho propio y en su propio desarrollo, no importa cuál sea su condición o comportamiento actual, estará estimulando la creatividad. Tal vez esta actitud sólo puede ser genuina cuando el maestro, el padre, el terapeuta capta las potencialidades del individuo y pueden depositar en él una fe incondicional, cualquiera que sea su estado actual.
Cuando el individuo percibe esta actitud se siente en una atmósfera de seguridad; poco a poco aprende que puede ser lo que es sin disimulos ni disfraces, ya que se lo respeta y valora independientemente de lo que haga. Por consiguiente, pierde rigidez, puede descubrir lo que significa ser él mismo e intentar realizarse de maneras nuevas y espontáneas. En otras palabras, avanza hacia la creatividad.
2. Crear un clima carente de evaluación externa: Cuando dejamos de juzgar al otro individuo en función de nuestros propios criterios de evaluación, fomentamos su creatividad. Para el individuo representa una liberación encontrarse en un ambiente donde no se 10 evalúa ni se lo examina de acuerdo con patrones externos. La evaluación siempre es una amenaza, siempre crea una necesidad de defenderse y determina que el individuo niegue el acceso a la conciencia de algún sector de la experiencia. Si un producto es bueno según normas externas, entonces no debo admitir el desagrado que me provoca; si lo que hago es malo en función de pautas exteriores, no puedo reconocer que mi actitud sea una parte de mí mismo. En cambio, si se eliminan los juicios basados en principios externos, puedo permanecer más abierto a mi experiencia y admitir con mayor agudeza y sensibilidad mis propios gustos, así como también las cosas que me desagradan, la naturaleza de los materiales y mi reacción ante ellos. Entonces puedo comenzar a reconocer que el centro de evaluación reside en mí mismo, con lo cual avanzo hacia la creatividad.
Debemos señalar que el hecho de que la evaluación externa pierda importancia para un individuo no significa el fin de las reacciones personales. En realidad, ello puede darnos mayor libertad para reaccionar. “No me gusta tu idea” (o cuadro, invento o libro) no es un juicio, sino una reacción. El sentido de esa expresión es sutil pero nítidamente diferente del que se halla implícito en la frase: “Lo que estás haciendo está mal (o bien) y esta cualidad que le asigno proviene de una fuente externa”. La primera afiliación permite al individuo conservar su propio foco de evaluación y supone la posibilidad de que yo sea incapaz de apreciar algo que en realidad es muy bueno. La segunda, en cambio, ya sea una alabanza o una crítica, deja a la persona a merced de fuerzas exteriores; le dice que no puede preguntarse simplemente si el producto en cuestión es una expresión válida de sí mismo, sino que debe preocuparse por lo que piensan los demás. El que emite un juicio como el que estamos analizando aleja al otro de la creatividad.
3. Comprensión empática: Cuando esta condición se agrega ala.~ otras dos obtenemos un máximo de seguridad psicológica. Si digo que "acepto" a un individuo, pero no lo conozco, mi aceptación es muy superficial, por cierto, y el otro advierte que puedo cambiar de opinión en cuanto llegue a conocerlo. Pero si lo comprendo empáticamente, si procuro entender su conducta y a él mismo desde su propio punto de vista, si entro en su mundo privado y lo veo tal como él lo ve -y sigo aceptándolo-, entonces se sentirá seguro. En esta atmósfera la persona puede dejar en libertad a su auténtico sí mismo y permitirle expresarse en formaciones nuevas y variadas en su relación con el mundo. En esto reside el estímulo básico de la creatividad.
Libertad psicológica.
Cuando un maestro, padre, terapeuta u otra persona con funciones facilitadoras permite al individuo una absolu1a libertad de expresión simbólica, fomenta su creatividad. Esta aceptación incondicional lo deja en libertad de pensar, sentir y ser lo que guarda en lo más profundo de sí mismo; estimula la apertura y el juego espontáneo con los preceptos, los conceptos y los significados, todo lo cual forma parte de la creatividad.
Obsérvese que me refiero a una libertad de expresión simbólica, ya que convertir en conductas todos los impulsos, sentimientos y formaciones puede no cumplir una función liberadora en todos los casos. En ciertas ocasiones la conducta debe restringirse a los límites impuestos por la sociedad; la expresión simbólica, en cambio no necesita restricciones. Por consiguiente, destruir un objeto odiado (sea la propia madre o un edificio rococó) mediante la destrucción de un símbolo resulta liberador, en tanto que el ataque real puede generar culpa y restringir la libertad psicológica del individuo.
La aceptación incondicional que se describe no es de suavidad, indulgencia ni estímulo manifiesto. Se trata simplemente del permiso de ser libre, lo cual también significa que el individuo es responsable. La persona es tan libre de temer una nueva aventura como de esperada ansiosamente; libre de asumir las consecuencias de sus errores, como las de sus logros. Este tipo de libertad de ser uno mismo de manera responsable promueve el desarrollo de un foco de evaluación seguro dentro de uno mismo, y por consiguiente, da origen a las condiciones internas de la creatividad constructiva.
PERSONAS CENTRADAS EN EL PLACER
La persona centrada en el placer
El placer del placer: La conducción por placer puede ser vista en su forma más elemental, como fa urgencia de satisfacer el hambre que tenemos en común con los animales: beber, comer, progresar, encontrar techo que nos proteja del frío o del calor, de la lluvia o de la nieve, dormir, etcétera. También compartimos necesidades de puro placer: nadamos en un día cálido o nos deslizamos en los ríos sobre una tabla, montarnos en una carrera de potros por las praderas. Muchas de estas actividades enseñan y preparan a los animales para su futuro, pero cualquiera que haya observado a un gatito jugar tiene que admitir que debe estarse divirtiendo.
Para los seres humanos, el placer abre muchas puertas importantes. Es la primera puerta a través de la cual podemos encontrar el sentido de lo divino. A través del placer trascendemos nuestro estado presente y tocamos los límites de espacio y de tiempo. Beber una taza de café, besar al ser amado, observar una puesta del sol. Todas estas actividades centradas en el placer pueden ser trascendentes. Las experiencias placenteras nos permiten saborear el existir sin tiempo.
Pero, las experiencias placenteras a pesar de su calidad de trascendencia, no son duraderas. Desafortunadamente, si nos centramos exclusivamente en el placer y tenemos una personalidad adictivas caeremos en un culto y una persecución de placer que, finalmente, destruirá nuestra capacidad de experimentar placer, aunque suene paradójico. Nuestro deseo natural de placer debe rendirse, debe combinarse con el impulso hacia el poder y dedicarse a la conducción de buscar significaciones.
Podemos entregarnos al placer. La gente lo hace repetidamente. Pero nuestro impulso para relacionarnos previene de no buscar solamente el placer. Siempre queremos algo más y añoramos formas más elevadas de gozo. El puro placer no va más allá de una sociedad de necesidades instintivas que hace a la persona centrarse en el placer por sí mismo.
Enfocarse en el placer
Cuando centramos nuestras vidas en el placer, vendemos los valores por la cantidad de placer que podemos obtener. Tratamos de encontrar dos cosas: primero buscamos el trance que el puro placer trae consigo y segundo, intentamos evadir ansiedad y dolor. La evasión se convierte rápidamente en nuestra primera estrategia de organización para lidiar con la vida. La lucha en contra de las dificultades se reduce y pierde su significado por centralizarnos en la búsqueda individual del placer y más placer, como producto final. La lucha misma se ve como una falla, un signo inadecuado que sólo interfiere para intensificar la búsqueda de placeres. Al buscar placer y vivir en trance, evadirnos la cotidianidad y sus realidades, y ello nos hace incapaces de darle un sentido al gozo de existir. Lo que es importante aquí es el enfoque y el contexto. Si sólo queremos obtener placer y el contexto es ir de alcohol, droga, juego o sexo no podremos dejarlo pasar. Lo atrapamos. Lo sujetamos. Nos abrazamos con fuerza a él y nos dirige a nuestro impulso hacia las sensaciones.
El adicto esta atrapado en este síndrome de placer.
El placer estimula centros primitivos en nuestro cerebro, lo cual puede, en consecuencia, dirigir y definir nuestra visión del mundo. Los individuos concentrados en el placer valoran los objetos que los acompañan en su trance, más que la verdad, los principios espirituales o a la misma gente, Para quien busca placer, la pregunta es ¿qué tanto placer me puedes proporcionar? Una vez que la persona o el objeto pierde la capacidad de proveer placer o provee menor placer que antes (lo cual es inevitable) pierde su valor y se desecha para encontrar un sustituto que pueda ser más placentero.
El amor centrado en el placer: La persona centrada en el placer normalmente busca un trance especifico que encuentra más estimulante. Esta sección se enfoca en el amor, que parecería ser un área no dañina para buscar placer. Desafortunadamente no es así.
Cuando funcionamos de tal modo que buscamos placer, a menudo confundimos la intensidad de nuestras sensaciones y nos llegan a parecer reales, como en el raso del amor, del “verdadero amor”. También podemos imaginar que nuestra experiencia sensorial es espiritual. Este es un juego peligroso. Fáci1mente perdemos nuestra objetividad y sentido de proporción y ba1ance. Nuestro sentido ético, el de verdad y nuestros principios morales y de conducta pueden tomarse en principios relativos y no absolutos, como en realidad son.
El individuo centrado en el placer construye un sistema de valores basado en sus sensaciones. Cuando el centro de nuestra experiencia es el amor, ser amado, hacer el amor, nos encontramos pronto en caídas regulares dentro y fuera del amor. Después de todo, la intensidad es la que cuenta para la persona centrada en el placer y que cree estar realmente amando. Cuando esa intensidad disminuye, el amor también se va.
El mito aquí es que la exaltación de un nuevo amor debe continuar en el mismo tono durante toda la relación. Aunque podamos desear que así fuera, mantener esas sensaciones tempranas no es factible. La verdad es que el amor varía tremendamente en su intensidad en el curso de una relación larga. Mantener esa relación implica marcar límites y definir para bien de todos. .
Esos límites y definiciones no le interesan a la persona centrada en el placer, quien con el paso del tiempo se aferra cada vez más a su impulsividad de sensaciones y emociones. Esto hace que su vida y sus relaciones sean extremadamente volátiles. Conforme evolucionan o mueren los sentimientos, la persona centrada en el placer, entra en crisis. Al no comprender la naturaleza evolutiva de las emociones, la persona declara a su amor moribundo o muerto. Pero el amor auténtico es el que comprende que el gozo es frecuentemente doloroso, y que con el tiempo se transforma en un proceso de permanecer apegado y comprometido con los principios de la índole que mejor les funcione en tiempos de dificultad y dolor. Las personas centradas en el placer, tal como se describió previamente, están continuamente pendientes de sí mismas y de sus sensaciones. Pueden crear la ilusión de que está completamente involucrado en una relación. Pueden casarse, asentarse, procrear una familia. Pero, psicológicamente no están completamente comprometidos en la relación. Revisan constantemente sus sensaciones personales buscando diferentes caminos de placer. Thomas Merton, en su libro No Man is an Island resume las caídas de quienes buscan persistentemente el placer de esta manera: En tanto que el placer sea un fin, seremos deshonestos con nosotros mismos y con aquellos que amamos. No buscaremos su bien sino nuestro placer.
El amor auténtico requiere de tiempos de sacrificio tanto para la relación como para los demás. Requiere asimismo de que la gente esté pendiente de las sensaciones, sentimientos. y estados de ánimo de otros, y no sólo de sí mismos. Estas son algunas de las lecciones fundamentales de la recuperaci6n.
La intensidad es un mito de las personas centradas en el placer. Quienes buscan placer piensan que entre más grande es la intensidad de éste, mayor será la intimidad y mayor el amor. Este momento del amor puede ejemplificarse tristemente en familias abusivas donde la intensidad se manifiesta como violencia, explicada como prueba de amor “me pega porque me ama”, decía una esposa golpeada. Un marido abusivo se defendía: “te pegue mi amor, porque ése fue el único camino de llegar a ti”. Un padre le dice a su hijo: '”te golpeo por tu propio bien”. Aun cuando la violencia es intensa y el herir intencionalmente también, no forman parte del verdadero amor,
Otro mito encubierto es el que está detrás de lo que llamamos “buena vida”. La buena vida comprende el esposo correcto, el trabajo y la paga correcta, la casa y el auto correcto, los amigos y la ropa adecuada, los niños correctos y hasta el vino y la comida adecuados. Pero desde el momento en que esa buena vida viene del exterior, es algo que debemos buscar. Para adquirirla, la persona centrada en placer actúa como coyote o como puma, caza, come, duerme y vuelve a cazar. La buena vida no puede nunca satisfacer nuestra hambre. Siempre hay algo nuevo que se desea. Quienes la buscan permanecen merodeando por algo más nuevo, más grande, con mejores componentes de esa buena vida. De esa manera sutil, la adicción puede volver a los individuos en adictos practicantes y predadores, alejándo1os de los verdaderos valores.
El resultado final: dolor
Esta sección se dedicó a los individuos centrados en el placer, a quienes buscan satisfacer sus anhelos con placer y con la intensidad de sus sensaciones. Estas personas son ciertamente, depredadoras, ya que los cambios emocionales y químicos de su adicción invaden su propia psique.
En la recuperación, la persona centrada en el placer aprende una verdad simple: las emociones y las sensaciones que experimentamos no son constantes; el placer es siempre un estado temporal.
Un niño descubre esto en la playa cuando trata de asir la arena que solamente corre por sus manos o cuando ve su castillo de arena sucumbir ante la ola que se levanta. Sin embargo, como adultos se nos olvidan las lecciones de la infancia e imaginamos que algunos de nuestros placeres pueden experimentarse de manera permanente. Aunque el trance es momentáneo, lo podemos buscar una y otra vez, esperando que la próxima dure aún más o sea más fuerte. Pero aquellos que buscan placer o poder hasta el punto de atentar en contra de los verdaderos valores espirituales y lo significativo, sin saberlo buscan miseria. Aun aquellos que están más comprometidos con la búsqueda de placer descubren que el trance siempre se desvanece. La pena es el subproducto emocional de una vida dedicada al placer. Si estamos apegados siempre a algo efímero, y que nos deja vacíos, estaremos aferrados al dolor, y finalmente a la abulia y la depresión.
La gente centrada en el placer vive investigando el planeta Tierra para encontrar sensaciones que siempre ruedan alejándose de ellos, y quedan apegados al mundo y a sus cosas. Sus almas se precipitan hacia la tierra en lugar de ir hacia el cielo. Esto causa más dolor, porque el alma sufre al ser separada de lo divino. El alma se siente alejada y ajena a los valores del yo, de los otros y de la comunidad, en tanto continúe su búsqueda de formas de placer más intensas. Al centrarse en un solo valor, quienes buscan el placer se encierran a si mismos fuera de las posibilidades de curación que dan los acontecimientos significativos y los valores que ayudan a enriquecer la vida.
Esto sólo precipita más el dolor, el aburrimiento y la depresión.
En resumen, las características de la personalidad del individuo centrado en el placer, son las siguientes:
Visión: la vida es dolorosa, pero el placer hace que valga la pena vivirla.
Meta: evitar el dolor y la ansiedad que son parte de la vida, para aumentar al máximo las experiencias placenteras.
Tiempo: el enfoque es del momento y controlándolo se evita el dolor y se recibe tanto placer como sea posible.
Valores: el valor de un objeto, actividad o persona está determinado por su capacidad de producir sentimientos placenteros. Los objetos tienden a ser más importantes que la gente porque son más confiables y predecibles en su habilidad para producir sentimientos placenteros.
Subproductos: dolor, aburrimiento, depresión.
En la vida de una persona centrada en el placer:
- Las emociones son siempre estados temporales.
- Las relaciones y las situaciones son inestables porque las sensaciones están fluyendo siempre.
- El estilo de vida es reactivo.
- La intensidad es más importante que la intimidad.
- El sentido de felicidad proviene de un estado de trance, que es pasajero.
- Un sentido positivo de poder nunca se internaliza.
- Domina el lado depredador de la propia naturaleza.
- El producto final es un excesivo hedonismo sin sentido.
Personas Centradas en el Poder
Poder: correcto o equivocado: Como el impulso por placer, el impulso por poder desempeña un papel importante en nuestras vidas. No podríamos vivir sin él. El impulso por poder nos hace movernos y nos mantiene en acción.
Beethoven lo uso para componer sus sinfonías. Un gran caballo lo usa para ganarse un lugar en el rebaño. Desde la abeja reina, hasta un rey león -y aun en el campo de juegos de una escuela primaria-, cada animal, y la mayoría de nosotros, utilizamos el impulso por poder diariamente. Es una herramienta de supervivencia y de crecimiento. Cuando se convierte en un enfoque estricto, cuando buscamos el poder por el poder y cuando estamos atrapados en nuestra necesidad de control y de estar en lo correcto, nos lleva a buscar algo que nos hagan sentir poderosos. Perdemos de vista la importancia que tiene canalizar energías de ese impulso hacia el impulso por la significación.
La gente que busca el placer, comparte su conducta adictiva con quienes buscan el poder por el poder mismo. A la gente centrada en el poder, le seduce la sensación que éste produce, y ve en el poder mismo una fuente de bienestar y seguridad. Para este tipo de personas, los valores espirituales y los principios de la vida pueden tener cierta trascendencia pero no son tan importantes como el poder. El poder como tal, según lo ven las personas que lo detentan, tiene a si mismo el derecho de definir lo que es significativo y las reglas que se deben seguir, asi como, el derecho a ganar mas poder, aun a expensas de los demás. Cuando ganamos poder, también ganamos un sentido de confianza en nosotros mismos. Eso nos hace sentir bien y por ello tratamos de mantener esos sentimientos vivos. Cuando no tenemos el poder o el control, nos sentimos mal, perdemos confianza y somos vulnerables; sentimos peligro y nos llenamos de miedo.
Sentirse asi es una condición de desnudez que inmediatamente tratamos de cambiar para detentar nuevamente el poder. Buscamos obtener control. El poder manifestado como forma de control, para la persona centrada en el poder, se convierte en su principal meta. Entre más control tengan, mayor será la seguridad en sí mismos.
Desafortunadamente la seguridad en uno mismo casi siempre es ilusoria. Contribuye a aumentar el problema, y aleja aún más la solución del mismo. Es una seguridad que no hace crecer la autoestima y paradójicamente aumenta cuando el individuo se siente con toda su capacidad para adquirir poder. El autoestima, por su parte, se desarrolla a través de nuestra habilidad para estar a gusto, lleno de capacidades y viviendo con principios espirituales. Ambos elementos, la autoestima y la seguridad en uno mismo son componentes de una ecuación de poder. Se relacionan por su naturaleza que demanda un equilibrio entre las dos para la salud emocional. La gente que muestra tener una gran seguridad en sí misma, es un extremo, o la gente completamente insegura en el otro, sufren de baja autoestima.
Debido a que el poder es todo lo que importa a las personas centradas en este, adoptan actitudes y conductas que crean sensaciones intensas de poder, que es lo que parece que construye su seguridad. Sin embargo, esa conducta también repercute en su autoestima.
Para mantener su base de poder, son capaces de hacer trampas, robar, mentir y planear otras estrategias negativas que destruyen su autoestima. Un ejemplo es el vendedor de droga a jovencitos de secundaria, y que carga una pistola. Se siente con poder por varias razones: tiene un arma que es un símbolo y sentido de poder, tiene mucho dinero, su seguridad en si mismo es por ello muy alta, pero es probable que su autoestima no sea tan alta como su seguridad, puesto que sabe que lo que hace es incorrecto, destructivo y peligroso.
La gente centrada en el poder lucha para restarles poder a otros para sostener y aumentar el suyo. Así como los buscadores de placer, los buscadores de poder, trabajan duro para sentirse bien, y la mejor manera de mantener ese sentimiento de bienestar es probarse a sí mismos que están en lo correcto a como de lugar y por cualquier medio.
Pueden física o verbalmente intimidar o manipular a otros para salirse con la suya o pueden argumentar sin parar hasta ganar el punto. En el proceso aparecerán extremadamente confiados y capaces de lograr cualquier operación. Son irremplazables e irreprochables. Continuamente creen que han creado por sí mismos su posición, sólo a través de su indomable voluntad. Piensan que está bien alcanzar sus metas recurriendo al secreto, la exclusividad e incluso poniendo a un grupo contra otro.
Piensan que el fin justifica los medios para obtener poder a cualquier costo.
A través de estas sensaciones, la gente centrada en el poder entra en trance, y ello les proporciona el sentimiento ilusorio de estar bien y a salvo de los caos que supone no tener todo bajo control. El trance es una zona de bienestar en el cual el individuo está libre del miedo y ansiedad, pero necesita reforzamiento continuo para sostener la ilusión de plenitud. Esta gente centrada en el poder está siempre involucrada en algún tipo de lucha y en la creencia que debe ganar esa lucha a cualquier costo. Cada discusión lleva a la persona centrada en el poder a convencer a los demás, a cualquier costo, de que está en lo correcto, porque si no el resultado es el pánico de la evidente pérdida de control.
El adicto a los rompimientos tiene la sensación de tener el poder cada vez que actúa y el trance que eso le produce es enormemente adictivo. El jugador obtiene poder cuando la máquina de juego suelta monedas como un río desbordado. Momentáneamente, él también está sentado en lo más elevado de la cima sintiéndose poderosísimo.
Interiormente, el jugador empieza una nueva ronda de argumentos entre su yo y su adicto. Ha tenido mucha suerte, debería irse a casa a contárselo a su esposa y a compartir su fortuna, pero no. El adicto dentro de él, le dice que está es una buena racha, y que su buena suerte está sobre los hombros, sería tonto detenerse en ese momento y parece que ese adicto estuviera en lo correcto.
El síndrome de poder
Para e1 individuo centrado en el poder todo debe partir de la premisa de estar en lo correcto, la cual sostiene la ilusión de control y fuerza, la seguridad en sí mismo (aunque no se relaciona con la autoestima). Estar equivocado en algo seria signo de falla y debilidad, y eso le aterra y lo vuelve vulnerable, que es lo más temido para él. En cambio, estar en lo correcto es ganar poder y reafirmar al individuo. Si estas emociones no se equilibran a través de valores y principios espirituales, pueden llegar a ser un síndrome de autosatisfacción que hace insistir a la persona que está en lo correcto y eso le hace creer que tiene poder, lo cual lo refuerza positivamente. Al final, la gente centrada en el poder necesita estar en lo correcto –sea esto cierto o no-, puesto que ello construye un sentido de seguridad falso que le infla el ego. Esa ganancia de poder, como los vientos elevados del tornado, se dirige a la destrucción.
Cuando alguien reta su dominio, cuestiona su corrección y su manera de definir las cosas. La persona centrada en el poder llega a estar amenazada y se transforma en un depredador que sólo busca poder y dominio. La confrontación o las diferencias de cualquier tipo le asustan, a menos que las logre controlar. Sino las controla, las ataca.
Esto es especialmente peligroso cuando se involucra en ello una relación afectiva.
Asi como las personas centradas en el placer, los adictos de poder o los adictos al trance que los haga sentir poderosos evaden mediante estas conductas el dolor, la ansiedad y el miedo. Para protegerse, ellos mismos controlan situaciones, cosas y personas y ese control surge de su convicción de estar en lo correcto.
Los adictos que aman el trance de poder usan estos objetos y determinadas conductas que los hacen sentir poderosos para estar apegados al trance.
Centrado en el poder y enamorado
Para la persona centrada en el poder, el amor se define como una experiencia en la cual “con amor”, dominan a sus parejas o con el mismo “amor” se someten a ellas. Esta clase de amor crea relaciones dominante-sometido que están basadas en la dependencia y el ensimismamiento, y no en el amor. En esta relación amorosa dominante-sometido, el dominante es eternamente dependiente de la parte sometida, lo cual funciona al reveés de lo deseado; el poder, al menos una gran dosis de él, lo tiene el sometido sobre su dominador, porque sin esta conexión vital el dominador pierde su identidad. Alguien debe someterse para alimentar el ego de quien busca el poder y aumenta su sentido de este. Cuando la parte sometida se niega a desempeñar ese papel, el dominador puede continuar su propósito acosando y acechando a esa persona, para lograr someterla y con ello recuperar su identidad y ese amor que ellos depositan en esta. La persona centrada en el poder, cree que sus sentimientos son el verdadero amor, aún cuando el verdadero amor implica la renuncia del ego, su rendición a principios espirituales. El auténtico amor requiere de disminuir el ego y eso mismo hace que se transforme. Sitúa los principios antes que la personalidad.
Desafortunadamente para las parejas (frecuentemente parejas adictivas) que se enrolan este tipo de relaciones, ese amor es inestable. Esto es porque cualquier acto de independencia se juzga inmediatamente como desamor y crea una crisis personal o de relación. Las interacciones no son juzgadas por su calidad sino por su contenido de dominio-sumisión. Cualquier estabilidad que se pusiera dar en esa clase de amor provendría de la claridad y aceptación de los papeles que cada persona desempeña. Por debajo de la superficie se cuelan constantemente la rebelión y la resistencia. El individuo sometido se irrita cuando tiene que hacer lo que el dominador quiere o dice; el dominante también se irrita por la exagerada abnegación del otro, y su reacción oscila entre acercarse más o retirarse un poco. Ambos individuos temen cualquier ruptura o cambio en la relación que conocen. Con esto, inhiben el crecimiento, el desarrollo y la maduración de la misma.
El resultado final: miedo
Si el subproducto de la vida centrada en el placer es el dolor, el subproducto de la vida centrada en el poder es el miedo. La dedicación al poder trae consigo un estilo de vida narcisista y paranoico que intenta evadir la ansiedad y el miedo al tiempo que mantiene e incrementa su base de poder. Para ello podemos pertenecer a algún grupo que sustente ideas similares a las nuestras y allí trataremos de ser los lideres o nos someteremos como sirvientes de los ideales del grupo, permitiéndole a este que actúe como portador del poder.
La adicción ofrece el sentido y la sensación de poder. El adicto a las anfetaminas que se acaba de dosificar, siente que ha tenido acceso al conocimiento del universo. Sólo tendríamos que echar un vistazo a la historia del siglo XX, para ver lo que le ha sucedido a la gente y a los sistemas construidos sobre esa base de poder, dominado por individuos centrados en el poder y sometido por seguidores que son también adictos a este. Si bien todos esos sistemas han fracasado o están cayendo, han destruido millones de vidas humanas en el proceso.
En resumen, las características de las personas centradas en el poder son las siguientes:
Visión: la vida es una lucha para obtener poder tanto como sea posible, porque solamente el poder les brinda bienestar y placer.
Meta: obtener tanto poder como se pueda y llegar hasta lo que creen es “correcto”.
Tiempo: el enfoque es controlar el momento, acumulando el mayor poder para reparar las perdidas después, especialmente en la vejez.
Valor: el valor de una conducta, un objeto o una persona se define por su potencial de poder. Los símbolos de estatus son muy importantes porque han sido creados para representar poder.
Subproductos: Debido a que las personas centradas en el poder se sujetan conscientemente a lo que les dé poder porque podrían perderlo aún si ya lo tienen, permanecen en un estado narcisista constante de ansiedad, paranoia y miedo.
En la persona centrada en el poder, la vida es:
- Controlar todo y pensar que lo correcto es lo importante.
- Sus relaciones son de dominio-sometimiento.
- Su estilo personal está ligado a preservar el poder, a pesar de aparentar calma en la superficie, es gente altamente inestable.
- Ya sea que el poder se derive de dominar o someterse, el resultado es el mismo, ansiedad y miedo.
|
|