Red Latina de Adicciones
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FACTORES QUE PREDISPONEN LA ADICCIÓN


El origen de la adicción es multifactorial. Los factores pueden ser sociales o ambientales (oportunidades laborales, de educación, de recreación, creencias, legislación y aplicación de la ley, medios de comunicación masiva, etc.), familiares (relación, historia familiar, valores, proyectos, rituales, creencias, comunicación, paternidad, conyugalidad, educación, aprendizaje, economía, estrés, etc.), personales (autoconcepto, autoestima, valores, principios, creencias, relaciones interpersonales, predisposición genética, historia personal, personalidad, pensamientos, sentimientos, emociones, actitudes, educación, aprendizaje, proyectos, etapa de vida en la que se encuentra, edad, estrés, etc.), cultural.
Existen varias explicaciones de por qué una persona se hace adicta. Sin embargo, la adicción se origina debido a una amalgama hecha de varios elementos. Es decir, esta enfermedad tiene una explicación multicausal.

Los factores de predisposición o de riesgo abarcan características genéticas, psicológicas, conductuales, familiares y sociales.

  

 

PREDISPOSICIÓN GENÉTICA
Esta postura nos dice que los individuos que poseen esta predisposición, tienen mayor probabilidad de volverse adictos pues la dependencia física puede darse más rápidamente, o puede tener más tolerancia a la sustancia y por lo tanto consumir más y frecuentemente para experimentar sus efectos. Las personas en esta situación pueden adquirir la dependencia más fácil y rápidamente ayudado por la alta tolerancia de que disponen.
Dentro del estudio del alcoholismo esta opinión es muy socorrida, algunos investigadores afirman que el alcoholismo es hereditario. Los hijos de padres alcohólicos tienen una probabilidad casi cinco veces superior de ser alcohólicos que los hijos de padres no alcohólicos (Scher, 1993). Por otro lado, un hallazgo afirma, que los hijos de padres alcohólicos muestran una mayor tolerancia a niveles bajos de alcohol y tienen pautas diferentes en la actividad cerebral que los hijos de padres no alcohólicos (Schuckit, 1987). Aunque hay pruebas de que el alcoholismo es hereditario, no hay seguridad del todo en el modo en que esto funciona.
Los factores genéticos sólo explican una parte del riesgo para el origen de la adicción. La predisposición genética es una semilla que puede o no germinar y crecer, de acuerdos a condiciones externas que acompañan al candidato a adicto.

APRENDIZAJE
Algunas teorías explican que la adicción es algo aprendido. La persona encuentra en la adicción una forma de enfrentar los problemas de la vida. Puede aprender este comportamiento por medio del reforzamiento (ser aceptados por amigos que valoran la conducta adictiva), modelamiento (ver que otras personas “resuelven” sus problemas con la adicción) y otros mecanismos de aprendizaje. La adicción puede ser reforzante a corto plazo para muchas personas, debido a la agradable sensación que produce, además de que la conducta puede ser moldeada y conservarse por medio de valoraciones cognoscitivas de lo que sucedió y lo que es probable que suceda hechas por el adicto. Un bebedor problema por ejemplo, aprende a esperar efectos positivos de la bebida e interpreta la experiencia en esa forma, a pesar del hecho que la cualidad predominante de la experiencia real es negativa.
Ya que tener una relación adictiva no es un mecanismo de afrontamiento efectivo, su situación en la vida no mejora. Al sentirse incluso menos capaces de controlar los problemas en forma constructiva, aumentan la ineficacia de su conducta de afrontamiento.

FAMILIA
La familia constituye factor más dominante de protección o de riesgo para las adicciones. Una persona puede empezar con una historia familiar patológica (disfuncional, caótica, multiproblemática, rígida) y después usar drogas como una manera para anestesiar el dolor, la culpa, la vergüenza que le produce vivir en un ambiente de agresión constante.
Los hijos que crecen al interior de este tipo de familias, a menudo tienen sentimientos de inutilidad, crecen como pueden, con una comunicación “torcida”, reglas inflexibles o demasiado flexibles, críticas por sus diferencias, castigo por los errores y sin experiencia alguna en el aprendizaje de valores. Lo más probable es que estos niños desarrollen conductas destructivas contra sí mismos y los demás.
Las familias ofrecen actitudes contaminadas, valores, creencias y conductas que empujan a sus miembros hacia la adicción o coadicción. Dependiendo de los niveles de esas actitudes contaminadas, valores, creencias y conductas, los integrantes de las familias tendrán mayor o menor tendencia a desarrollar el uso adictivo.

Cuando los adictos son los padres
Las familias adictivas crían hijos que terminan en los extremos de un continuum. Por ejemplo, padres alcohólicos seguramente tendrán hijos que abusen del alcohol o que no beban una sola copa. La enfermedad de la adicción corta con la familia y causa que la gente se separe y desarrolle diferentes maneras de lidiar con su propia adicción. Algunos miembros de la familia pueden ser adictos, otros pueden desarrollar maneras insanas de lidiar con el adicto, basados en la lógica adictiva que aprendieron en el hogar. Estas personas, algunas veces llamadas codependientes o coadictas, frecuentemente establecen relaciones con otros adictos, perpetuando así el sistema familiar insano.
En ambas maneras de lidiar, los miembros de la familia dependen de una ilusión: la de poder escapar del dolor que impera en sus familias a través del uso adictivo.
Cuando los hijos de estas familias crean la suya propia, tienden a encontrar una contraparte: el coadicto se casa con un adicto o el adicto con un coadicto.
Así se forma un ciclo de adicción. Los miembros de la familia han aprendido a convivir en medio de un lenguaje de adicción. Cuando llega el momento de buscar relaciones fuera de la familia, se dirigen hacia la gente que hable ese mismo lenguaje. Esta búsqueda selectiva no tiene lugar a nivel consciente, sino aun nivel emocional mucho más profundo. Con frecuencia, los asistentes a los programas de rehabilitación se preguntan “¿por qué me sigo relacionando con gente adicta?” y la respuesta es: Porque tú hablas ese mismo lenguaje. En nuestras familias el aprendizaje tiene lugar en tanto observamos e interactuamos con otros miembros de éstas. Al crecer en una familia adictiva, observamos y aprendemos creencias adictivas, así como la lógica adictiva de primera mano. Este es el lenguaje que se nos enseña. Si nuestros padres son adictos, nos enseñarán valores adictivos y esa lógica define la interacción con ellos. Los adictos enseñan adicción a través de sus acciones.
Los padres adictivos están constantemente mandando mensajes opuestos dentro de la familia. Un minuto pueden ser todo amor y padres responsables y el siguiente pueden actuar como niños irresponsables. Un niño, especialmente un jovencito en una familia adictiva, cambia junto con los padres en un intento de relacionarse con ellos. Así, pues, un minuto el niño de una familia adictiva actuará como niño y al siguiente minuto la hará como padre responsable. Crecer en un sistema adictivo provoca un intenso dolor físico y emocional y debido a esos cambios mayores, desafortunadamente, el niño aprende a adoptar una lógica adictiva en su propia vida y en sus relaciones con los demás.
Si fue criado en una familia abusiva o adictiva aprende a desconfiar de la gente. Esto lo hará susceptible a la seducción ilusoria de bienestar que produce un cambio predecible de estado de humor ofrecido por la adicción.

Seguridad y confianza
Una de las principales fuentes de seguridad de los niños es su confianza en los adultos, sobre todo en sus padres. Si los niños piensan que sus padres y otros adultos significativos son irracional es, injustos y arbitrarios, la ansiedad es intolerable. Por consiguiente, deben mantener sin importar el costo, la convicción de que el mundo suele ser ameno, justo y racional.
Es cierto que el mundo no es ni ameno, ni justo, ni racional. Sin embargo, los niños no pueden verlo de esa manera. Concluyen más bien que, como el mundo debe serlo, su percepción es defectuosa: y piensan no soy capaz de juzgar las cosas correctamente. Soy estúpido. De igual manera, aún si los niños son maltratados o castigados injustamente, puede que no sean capaces de pensar mis padres están locos. Me castigan sin razón válida. Éste sería un concepto demasiado aterrador para que les fuera tolerable. Para preservar la noción de que sus padres son racionales y pronósticables, su única opción es concluir: seguro soy malo para haber sido castigado de esa manera.
Por ultimo, llegamos a este mundo como infantes indefensos, incapaces de hacer muchas de las cosas que hacen los mayores. Con una buena crianza y un entorno propicio, superamos en gran medida esa sensación de impotencia a medida que crecemos.
Algunas veces los padres exigen de sus hijos pequeños cosas de las que son incapaces, y es posible que sientan que deberían ser capaces de hacerlas, y esto puede provocar que se sientan inadecuados. Por otro lado, los padres pueden hacer demasiado por sus hijos, sin permitirles que ejerciten sus propios músculos. Dichos niños no tendrán la oportunidad de desarrollar una confianza en sí mismo. La paternidad y maternidad exitosa requiere que se sepa lo que los niños pueden y no pueden hacer en las diversas etapas de su desarrollo, y los padres deben fomentar que sus hijos emplean sus capacidades.
Es importante que los padres se interesen en las tareas de sus hijos, y hasta que les ayuden. Sin embargo, cuando los padres hacen las tareas, refuerzan la convicción de incapacidad del hijo. Incidentalmente, cuando hacen gran parte de lo que el niño puede hacer por sí mismo, actúan de manera codependiente. Al niño que dice “No puedo resolver problemas matemáticos” y se le permite no esforzarse por hacerlos, en realidad se le confirma su sensación de inadecuación.
A medida que los niños crecen, estas concepciones erróneas pueden seguir tiñendo su pensamiento y conducta, por lo que sentirán que son malos y no merecen las cosas buenas. O bien considerarán que su juicio es muy defectuoso, lo que permite a los demás influir en ellos fácilmente.
La persona puede sentirse mal o carente de valor, aunque esto esté en total contradicción con la realidad. Sentirse inseguro e inadecuado hace al individuo más vulnerable al escapismo, que con tanta frecuencia se ejerce por medio de sustancias adictivas que alteran el estado del humor. La persona se siente diferente del resto del mundo, como si no perteneciera a ningún lugar. El alcohol y otros fármacos, u otros objetos de adicción, anestesian el dolor y le permiten sentirse parte del “mundo normal”. De hecho, muchos alcohólicos y otros adictos aseveran que no buscan un “viaje”, sino sólo sentirse normales.
Muchas distorsiones del pensamiento no se relacionan necesariamente con el consumo de sustancias químicas. Por ejemplo, el miedo al rechazo, la ansiedad, el aislamiento y la desesperación suelen ser resultado de poco amor propio. Muchos de los subterfugios del pensamiento adictivo son defensas psicológicas en contra de estos sentimientos dolorosos y los síntomas se deben a la persistencia de una imagen distorsionada de sí mismo que se inicio en la niñez (baja autoestima).

Inestabilidad emocional
El nivel emocional dentro de una familia afectada por la adicción crea cambios diarios. En la mañana todo puede parecer normal, pero al llegar la noche, una nube de desesperación llena la casa. En otras ocasiones el adicto puede llegar a agobiar a los miembros de la familia con su amor, en un intento por compensar su terrible conducta de la noche anterior. Este constante ir y venir, con una absoluta carencia de estabilidad, ya sea a nivel de comportamiento o emocional, deja en los miembros de la familia un sentimiento de pérdida e inseguridad de sí mismos.
Los hijos de familias adictivas frecuentemente se preguntan cuál es su lugar dentro del núcleo familiar, especialmente en comparación con los miembros de otras familias. Ellos crecen sin saber cómo funcionan las familias normales. Se sienten diferentes de sus amigos y albergan serias dudas sobre sí mismos, así como confusión y el anhelo de saber que son normales. Estas dudas, confusiones y faltas de consistencia, ayudan a guiar a los hijos de adictos al desarrollo de relaciones adictivas propias. Pueden hacerse adictos a diferentes objetos o actividades que los que sus padres tuvieron, en un intento de no repetir los mismos patrones.
La inconsistencia en una familia adictiva vuelve a sus integrantes inseguros. Los niños especialmente se sienten inseguros de sí mismos y del mundo a su alrededor, porque no saben cuándo los vientos emocionales puedan cambiar y el amor y el cuidado del momento pueda ser reemplazado por humillaciones e insultos. Esto crea pavor interior. Los adultos que provienen de familias adictivas hablan de un sentido de muerte que parece seguirlos constantemente. Irónicamente estos sentimientos empeoran cuando les está yendo bien. Están seguros de que algo malo va a suceder. Una persona puede creer que una nueva relación está apunto de romperse, aun cuando no haya evidencia de ello. Otra puede sentirse apunto de ser despedida de su trabajo, aunque haya sido recientemente promovida.
Estos sentimientos de muerte son el resultado de haber vivido en una familia centrada en crisis, que es lo que son las familias adictivas. El sentido de muerte se remonta al tiempo en que la muerte fue real. Los tiempos buenos en una familia adictiva no son confiables. Van seguidos de alguna crisis y de un inminente peligro personal a nivel emocional. Los miembros de la familia están en peligro hasta que la adicción es tratada y detenida.
Los integrantes de familias adictivas buscan distracciones o maneras de ser que les brinden la ilusión de ser insensibles a los problemas. Tratan de calmarse así mismos y allí es donde pueden empezar su propia aventura adictiva. Cuando mamá y papá están discutiendo acerca de su viejo pleito sobre deudas causado por el juego, el niño desea detenerlo pero no puede. En lugar de eso se va a ver la televisión, y trata de centrar su atención en el programa o puede irse a su habitación y tener fantasías de ser independiente, con mucho dinero, en un lugar donde nadie pueda lastimarlo. Ha empezado a compartir las conductas de los padres, está tratando de insensibilizarse al dolor o vivir dentro de una fantasía en un intento de detenerlo.
A lo largo de estas inconsistencias mayores, una persona que crece en una familia adictiva es enseñada a usar una lógica adictiva. Una niña escucha a los miembros de su familia explicar su conducta como si no pasara nada; dentro de ella siente la locura cada vez que ve como los padres se destruyen uno al otro. Ella se dice a sí misma que está loca, pero los otros miembros de la familia actúan como si lo que sucede fuera lo normal. Para sí mismos o para el exterior, la gente cuestiona la conducta insana del adicto y de otros miembros de la familia. Sin embargo, encuentran que lo que se da como respuesta razonable en realidad es pura mentira. Cuando un niño pregunta: “¿por qué papá se enoja y nos grita?”, la respuesta es: “Es que papá tuvo un mal día en el trabajo” La verdad es que papá ha bebido. Cuando el amigo del niño dice: “debe ser difícil para ti cuando tu papá actúa así” el niño aprende a salir de su preocupación racionalizando y diciéndole a su amigo que a papá no le gusta su trabajo pero que si consiguiera otro, todo sería normal.
Los niños en las familias adictivas, como en la mayoría de las familias, son enseñados a no traicionar a la familia revelando sus secretos. Pero en familias adictivas, los niños son enseñados a mentir, y ello forma parte de la adicción.
Al ser enseñados a mentir, los miembros de una familia están unos contra otros. Su parte sana, no obstante, sabe que esa conducta es incorrecta, pero como parte de la fidelidad, se dicen a sí mismo y a los demás que no está tan mal.
Para sobrevivir en un sistema adictivo, los niños aprenden a negar las respuestas sanas que les indican estar en peligro, tienen que aumentar sus habilidades deshonestas para lidiar con su entorno porque lo insano y la enfermedad progresan dentro de ellos.

Crecer en el seno de una familia abusiva
Todos los niños que crecen en un sistema adictivo lo hacen también en un sistema de abuso. La adicción es una forma de abuso porque impide a los niños su desarrollo. Las necesidades del adicto son prioritarias ante las necesidades de desarrollo del niño.
El abuso cae dentro de dos categorías: el intencional, causado cuando una persona intencionalmente hiere a otra -física, verbal, emocional o sexualmente-, ya sea que después lo lamente o no, y el abuso no intencional que trae por sí solo conductas o situaciones como el crecer en una familia adictiva, el perder a uno de los padres en edad temprana, la pobreza y otras circunstancias que suceden al azar. Este apartado se ocupa del abuso intencional, y cómo éste empuja a la gente a establecer relaciones adictivas.
Si usted creció en una familia en donde hay abuso físico, emocional, verbal o sexual, el mensaje que recibió es que usted no fue importante. Sus necesidades tampoco lo fueron, sólo las necesidades de los padres abusivos. Sus necesidades como niño, de ser protegido, amado y nutrido, tratado como ser humano, se dejaron de lado. La necesidad del padre abusivo siempre es primera. Usted fue enseñado a ser un objeto que se usa para satisfacer las necesidades de alguien. En otras palabras, aprende el proceso de objetivización, en el que se funda la adicción. Los adictos tratan a otros como objetos, y esto es exactamente lo que le sucede al niño que crece en un hogar abusivo, ya sea que el abuso sea dirigido a él o que sea testigo del abuso. Si creció en una familia donde un padre abusa del otro, está forzado a observar a la gente que trata a los otros como objetos y no como humanos. Se le niega su lado humano. Se le enseña que las personas son objetos que pueden controlarse y manipularse para el propio beneficio. Esto tendrá un impacto mayor en el desarrollo de su yo interno, porque ha aprendido que su yo no cuenta, y con el tiempo muy probablemente habrá crecido con una baja autoestima y poca confianza en sí mismo.
También aprende, por ejemplo, a tener poco control de sus impulsos, puesto que la adicción es un desorden en el control de los impulsos. En tanto vea a sus padres recurrir a golpes, gritos y abuso sexual de otros para manejar sus distensiones, tampoco será disciplinado cuando se trate de sus propios impulsos emocionales. Aprenderá a reaccionar con los mismos códigos de comportamiento, y a no tomar la iniciativa sino a dejar que las cosas le sucedan.
Crecer en una familia abusiva también le enseña a desconfiar de la gente. La gente abusiva es peligrosa y de hecho pueden infligir gran dolor en otros.
La confianza se desarrolla primero al interior de nuestras familias. Pero si crecemos en una familia en donde nuestro mayor peligro está al interior de la misma, ¿cómo vamos a desarrollar la confianza?
Los padres tienen obligación de dar a sus hijos un hogar a salvo, en un ambiente seguro para crecer. El observar a los padres controlar o no sus impulsos violentos, enseña a los niños a manejar sus propios impulsos violentos. Los padres tienen la obligación de ser confiables y valiosos para sus hijos. Si los padres son abusivos y no confiables, ¿en quiénes van a poder confiar los hijos?
Confiar o desconfiar no es una cuestión que se resuelva temprano en nuestras vidas; es algo que se aprende dentro de los hogares. Forma parte del lenguaje que aprendemos, de la visión del mundo que nos es dada. Cuando llega el momento de dejar nuestras casas, normalmente buscamos gente que comparte la misma visión del mundo y que habla nuestro mismo lenguaje.

Crecer en el seno de una familia negligente
Desatender es una forma sutil de abuso. Los niños que crecen dentro de familias negligentes, no se perciben así mismos como víctimas de abuso. Pero crecer así, tiende a generar en las personas inmadurez.
Un niño necesita que le den amor y confianza, que sus padres interactúen con él y que sus necesidades fisiológicas, como alimentarse, también estén cubiertas. En familias negligentes los niños no obtienen eso. Se posesionan de su espacio como sea, pero nunca están seguros de su importancia. El yo dentro de la persona está inmaduro.
Su autoestima no crece en un nivel saludable. Así, la gente deja esos hogares siendo más susceptible a involucrarse con los elementos que encontramos en el proceso adictivo. Actividades, gente y objetos poderosos parecen brindar la confianza a la cual otros se quieren apegar para llenar un vacío.
Mucha gente que ha sido criada en familias negligentes ha aprendido a ser pasiva. Se sienten muertos en su interior y buscan continuamente algo o alguien que los haga sentir vivos. Tienden a ver poder en el otro o en el objeto pero no en sí mismos. Un jugador empedernido creció en una familia negligente, desatendida. Explicaba que su adicción lo hizo sentir vivo. Se podía poner camisas de color y sentirse ostentoso, asistía a las carreras a apostar sintiéndose vivo y seguro de sí mismo. Después de vivir su adicción, sin embargo, tenía que regresar a lo que él llamaba "el torpe y vacío mundo interior". Era casi como si su adicción le permitiera romper la pasividad que aprendió de su familia.
La adicción tiene que ver directamente con las relaciones interfamiliares, y por eso se trata de hacer a un lado. La gente que crece en una familia pasiva y negligente es candidata idónea para buscar que alguien le diga cómo actuar y seguir a otros. Buscan la vida y la excitación que estuvo ausente en su crecimiento. El cambio de humor que experimentan en su adicción produce un sentimiento de autocorrección y excitación. La gente que crece en familias sin atención es muy susceptible a ese falso sentido de confianza y excitación. Sin embargo, cae en profundas depresiones cuando pasa la actuación y regresa su pasividad.

Familias avergonzantes
Una familia avergonzante es aquella en la cual los miembros nunca pueden hacer nada que sea suficientemente bueno:

    • Hay familias en las cuales un niño llega con calificaciones de diez y un nueve y escucha un sermón de cómo superarse más.
    • Hay familias con miradas desaprobatorias “sí, pero...”, humillaciones y días largos de total silencio por no actuar correctamente.
    • Hay familias con bromas constantes, que llegan al borde de la tortura emocional.
    • Hay familias en cuya dinámica el niño no se siente a salvo.

Las familias avergonzantes son familias en las cuales los miembros aprenden o son enseñados a no adquirir responsabilidades. Estas familias producen un gran número de adictos, porque enseñan a sus hijos el proceso adictivo. Victimizan a sus hijos de manera rutinaria y sistemática, y aprenden a ser víctimas o a victimar a otros.
Las familias avergonzantes tratan de tal forma a sus integrantes, que están emocionalmente llenos de furia y al mismo tiempo albergan un profundo sentido de tristeza. Los miembros de estas familias aprenden a no ser vulnerables porque la vulnerabilidad los predispone ante los ataques. Los padres avergonzantes incitan a sus hijos a ser perfectos -perfectos ángeles o perfectos cínicos-. Les enseñan también a no “ponerse en el centro”; es decir, de acuerdo con los códigos de estas familias, ocupar el lugar “del centro” equivale a estar en el centro de una habitación llena de enemigos, que pueden atacar desde todas las esquinas.
Los miembros de familias avergonzantes viven una enorme tensión en su sistema familiar, que se traduce en una desconfianza general hacia los seres humanos. Una mujer que creció en una familia basada en la vergüenza, sostiene que la única razón por la cual está viva ahora es por el cuidado y la comprensión que le mostró el único familiar que no podía hacerla sentir vergüenza: el perro, que era el único con el que ella hablaba, lloraba y era aceptada. En una reunión con sus hermanos, encontró que tres de los cuatro tenían esa relación idéntica con el perro.
Los miembros de una familia avergonzante pueden desarrollar una vida secreta para sí mismos. Esto ayuda a inducirlos hacia el proceso adictivo. Los adictos por lo general desconfían de la gente y ocultan un lado secreto de sí mismos, están involucrados en conductas de las cuales no quieren decir nada a los demás.
Avergonzar a alguien es abusar de su persona. Lo que pasa es que como dicho abuso no se hace mediante gritos, golpes o abuso sexual, continuamente se toma como una conducta aceptable. Cuando los miembros de una familia están entre personas no avergonzantes, experimentan una especie de choque cultural. Cuando actúan lo que piensan, se da una conducta anormal que asusta a los otros. Aun cuando todos nos hemos sentido avergonzados alguna vez, la vergüenza no es sana, es humillante y al humillar a alguien pasamos por encima de su integridad. Es un ataque al yo de la persona. La parte más peligrosa de este ritual es que es casi siempre se hace bajo la apariencia de querer ayuda y ser honesto. La persona que pone a otros en vergüenza, muy raramente asumirá su conducta viciosa. Como en el ejemplo acerca de las calificaciones, los padres se podrían ver a sí mismos como ayudadores del hijo. Si su conducta de avergonzar les fuera señalada, la rechazarían y seguramente serían incapaces de ver lo negativo de ella.
Los niños que crecen en familias que avergüenzan a sus miembros, creen que son malos y responsables de la infelicidad de sus padres. Para ellos, sus “errores” son la peor equivocación que podrían haber cometido. Todo ello se guarda como el mayor secreto -si la gente realmente me conociera no me querría- y así desarrollan un estilo de vida probando que son malos y ocultando su vergüenza.
Como adultos pueden sentirse aplastados, o ser defensivos cuando cometen un error y alguien lo señala. Son perfectos candidatos para la adicción, tienen la más profunda rabia y dolor, para lo cual es necesario un alivio. Desconfían de la gente y encuentran bienestar al relacionarse con objetos o situaciones. Han aprendido a no responsabilizarse de ninguna de sus actitudes negativas. Si lo hicieran significaría para ellos que en verdad son malos.

Familias inconsistentes
Crecer en una familia donde uno de los dos padres actúa como desequilibrado es como tratar de jugar canicas sobre la cubierta de un barco balanceándose. Como las reglas, las conductas y la visión del mundo cambian diariamente, el niño no encuentra de qué sujetarse ni qué lo sustente para desarrollarse. Los niños necesitan consistencia en sus vidas. En familias emocionalmente inconsistentes, el niño en desarrollo desconoce las relaciones consistentes. Jamás se establece una relación profunda, y no alcanza esa profundidad porque todo intento es saboteado. La gente que crece en este tipo de familia, casi siempre se siente insegura de sus habilidades sociales y de relación, por lo cual tiende a ser muy dependiente. Es como si se quedaran encerrados buscando a los padres que nunca tuvieron. De esta manera, son atraídos a la consistencia que encuentran en la adicción. Son atraídos hacia sentimientos seguros y confiables que muchos adictos encuentran, especialmente en las etapas tempranas al vivir la adicción.
Estas personas también son susceptibles de ir a la par con la presión. Si están en un grupo donde ser adicto es la norma, están cercanos a ser adictos también.
La gente que crece en familias inconsistentes parece vivir en una soledad demasiado profunda. Se les ha enseñado a no confiar ni a contar con la gente. Anhelan tener contacto e intimidad con los demás pero también desconfían. Como en algunos otros tipos de familias, esto influye en sus miembros para relacionarse con objetos o actividades en los cuales encuentran la ilusión de plenitud.
Los padres inconsistentes les dicen a sus hijos que ellos son normales en su conducta y que el resto del mundo está loco. El niño aprende a no confiar en sus sentimientos ni en su intuición. Puede sentir que lo que está sucediendo en su familia es loco, pero sus padres continuamente le dicen que nada está equivocado. De esta manera, se ve en la necesidad de escoger entre los padres o su propio yo.
Especialmente los niños pequeños exigirán la versión de sus padres sobre la realidad, ya que su supervivencia depende de ellos. Esto les ayuda a no mirar las inconsistencias que encuentran en la adicción. Un hombre que venía de una familia muy inconsistente se sintió profundamente atraído por la consistencia del alcoholismo. Las crisis periódicas que tuvo que tolerar en el alcoholismo no le preocuparon demasiado, porque eran mucho menos frecuentes y nunca de la magnitud de aquellas que para él era común vivir en su familia.
Jamás se asustó por sus desmayos periódicos, que no fueron tan severos comparados con los de su infancia cuando frecuentemente llegaba a su casa y encontraba a su madre tratando de matarse.

Muerte de un miembro de la familia
La pérdida de uno de los padres o de otro miembro de la familia es un acontecimiento significativo que puede tener un impacto en una persona susceptible a la adicción. Mientras que muchas veces las familias son amorosas y acogedoras, una pérdida de esa magnitud puede empujar a la gente al proceso adictivo.
Como en las familias adictivas, las personas han desarrollado la “regla de no hablar”, en este caso, acerca de la enfermedad crónica o del padre fallecido. Tampoco está permitido el proceso de duelo. Consecuentemente, los miembros de la familia no saben expresar o dejar fluir sus sentimientos de frustración y pérdida. La adicción es vista como una forma de relajación, a la cual tienen acceso, y también como una forma efectiva de insensibilizarse. Debida la carga que experimentan los miembros de una familia en estas situaciones, viven en un ambiente emocional menos positivo.

PÉRDIDAS
Hay momentos en que todos somos susceptibles de establecer relaciones adictivas. Dichos momentos pueden ser provocados por una pérdida importante, con ésta viene el dolor y la necesidad de reemplazar la relación pérdida.
Podemos citar algunos casos de pérdida:

    • Cuando muere un ser querido (cuanto más cercano sea, es mayor el deseo de cambio).
    • Cuando pierde status.
    • Cuando pierde o se retira del trabajo.
    • Cuando pierde los ideales o sueños.
    • Cuando pierde amistades.
    • Cuando pierde su pareja.
    • Cuando los hijos se van de la casa.
    • Cuando enfrenta nuevos retos sociales o aislamiento (al cambiarse a una nueva comunidad).
    • Cuando deja a su familia.

Un buen ejemplo es la jubilación; la pérdida de una relación de trabajo puede ser reemplazada por una adicción. Cuando la gente envejece, sus amigos mueren y las relaciones de mucho tiempo empiezan a cambiar, mucha gente mayor forma relaciones adictivas, como la televisión, el alcohol y otras drogas. Depositan su confianza en estos objetos sabiendo que estarán allí el día de mañana. Cada ser humano persigue algo distinto cuando las establece, podemos señalar algunas tales como el experimentar algo nuevo, animarse y divertirse, olvidar problemas, superar la angustia y la tristeza, relacionarse mejor con los demás.

EL ESTRÉS
Cuanto más estrés experimente una persona, mayores probabilidades habrá de que consuma algún tipo de sustancia. Para comprender cuan llena de estrés puede ser la vida de una persona, consideraremos los siguientes tipos de estrés:

Eventos principales de la vida. Son hechos dramáticos que afectan profundamente a las personas, tales como la muerte o abandono de los padres, los accidentes, los desastres naturales, los asaltos físicos y sexuales y los intentos de suicidio.

Secuencias de sufrimiento. En ocasiones la vida de algunas personas están llenas de problemas permanentes que son difíciles de resolver como: la pobreza, analfabetismo, dificultades psicológicas tales como la depresión, el dolor o enfermedades crónicas y la falta de oportunidades de recreación. En este contexto, puede que el consumo de sustancias provea cierta emoción, ayude a imaginar un mejor futuro y alivie el dolor físico y la falta de esperanza, claro, sólo en el presente inmediato.

Problemas cotidianos. Con la situación presente, la vida de algunas personas transcurre resolviendo problemas cotidianos. Esta lucha diaria es fatigante y deja poco tiempo para otras cosas. El consumo de sustancias ofrece un escape rápido y fácil a los problemas de cada día.

Cambios de ambiente. El trasladarse de vecindario o ciudad, cambiar grupos de amigos o comenzar una relación sentimental, son siempre situaciones de estrés porque requieren que las personas actúan de nuevas formas. Lo que puede influir en dos vías, ya sea consumiendo sustancias sólo puede reducir la ansiedad durante la transición o que se consuman sustancias porque el nuevo grupo lo hace y será una forma para ser aceptado más fácilmente.

Cambios debidos a la adolescencia. Los cambios que los jóvenes experimentan durante sus años de adolescencia en cuanto a su aspecto físico, psicológico y social se convierten en una época de estrés constante. La búsqueda de identidad, el deseo de aventura combinado con la inexperiencia pueden hacer que un joven se inicie en el uso de sustancias.

PERIODOS DE MAYOR RIESGO PARA EL USO DE SUSTANCIAS ADICTIVAS ENTRE LOS JÓVENES
La investigación ha demostrado que para la mayoría de los menores los periodos de mayor vulnerabilidad son los de transición, es decir, cuando pasan de una etapa de desarrollo a otra. Sin embargo, la exposición al riesgo puede iniciarse incluso antes de nacer, a través del consumo de la madre, por ello, se les aconseja que se abstengan del consumo de drogas durante el embarazo.
La primera transición importante tiene lugar cuando los niños dejan la seguridad de la familia y entran a la escuela. Después, cuando pasan de la primaria a la secundaria, se les presentan, con frecuencia, desafíos sociales como aprender a relacionarse bien con un grupo más grande de pares. Es en esta etapa, la adolescencia temprana, cuando existe mayor probabilidad de que el individuo se enfrente, por primera vez, al uso de drogas.
Más tarde, cuando entran a la preparatoria, los jóvenes se encuentran con otro tipo de desafíos (sociales, psicológicos y educativos) mientras se preparan para el futuro, lo que puede inducirlos al uso y abuso del alcohol, el tabaco y otras drogas.
Cuando los adultos jóvenes llegan a la universidad, se casan o ingresan a la fuerza de trabajo, enfrentan, una vez más, el riesgo del consumo de alcohol y otras drogas en su nuevo entorno.

MOTIVOS DE LOS JOVENES PARA USAR DROGAS
Una encuesta entre jóvenes adolescentes encontró una fuerte correlación entre búsqueda de sensaciones y la utilización de drogas legales e ilegales (Andrucci, Archer y Pancoast, 1989; Teichman, Barnes y Ravav, 1989).
Los jóvenes dan cinco motivos para usar sustancias (alcohol, tabaco, drogas ilegales):

    • Para sentirse adultos
    • Para integrarse y pertenecer a un grupo
    • Para relajarse y sentirse bien
    • Para correr riesgos y revelarse
    • Para satisfacer su curiosidad

Para sentirse adultos: A los jóvenes les gusta imitar a los adultos. Para un niño, ser adulto es algo deseable. Significa libertad. Ser "adulto" equivale a tomar tus propias decisiones y poder ingerir todo lo que quieras. Un niño puede entender y aceptar que hay diferencias entre lo que los adultos pueden hacer legalmente y lo que es adecuado y legal para ellos.

Para integrarse y pertenecer a un grupo: Los jóvenes quieren agradar a sus iguales. Algunas veces empiezan a utilizar sustancias adictivas para sentir que se integran, para superar la ansiedad, cambiar su personalidad o darse valor para hablar con los demás.
Nuestra sociedad está expuesta a mensajes que incitan a nosotros y a nuestros hijos a usar drogas para mejorar nuestra vida y desarrollar habilidades sociales.

Para relajarse y sentirse bien: Adultos y jóvenes desarrollan a veces maneras poco saludables de enfrentarse al estrés.

Para correr riesgos y rebelarse: Conforme los niños se acercan a la pubertad, prácticamente todo tiene una cierta dosis de riesgo, pues todo resulta nuevo e inexplorado. Cuando las actividades de más riesgo son dominadas, casi todos los jóvenes siguen buscando la oportunidad de ampliar sus horizontes y crecer. Ese es el motivo de que las drogas y el alcohol sean tan atractivos para algunos jóvenes. Para ellos las drogas representan la oportunidad de demostrar que ellos "pueden controlarlas". Si a esto le unimos un deseo poderoso de ser adultos y que en la televisión ven la imagen de personas que beben, fuman y usan drogas, no debe sorprendemos que algunos jóvenes deseen afrontar ese riesgo. Los adolescentes se sienten casi inmortales y les preocupa lo que piensen sus amigos de ellos; deben asumir riesgos de algún tipo, pero, tienen que estar convencidos de que el uso del alcohol, tabaco y las drogas no es una conducta aceptable.

Para satisfacer su curiosidad: Los jóvenes son inteligentes y captan con gran rapidez los mensajes que les llegan desde los medios de comunicación, la escuela, o la mesa del comedor de su casa. Aunque usted haya hecho un gran trabajo educando a sus hijos, algunos jóvenes sienten curiosidad sobre estas sustancias. Por tanto, descubrirán cosas al respecto, de fuentes no confiables.

AGENTES DE SOCIALIZACIÓN
Otros factores de riesgo están relacionados con la interacción de los hijos con diversos agentes de socialización fuera de la familia, específicamente la escuela, los pares y la comunidad. Algunos de éstos son:

    • Conducta inapropiada de timidez y/o agresividad en el salón de clases.
    • Fracaso en el desempeño escolar.
    • Habilidades inadecuadas para la relación social.
    • Cercanía con pares que tienen conductas desviadas.
    • Percepción de que el consumo de drogas es una conducta aprobada en los ambientes escolar, de pares y comunitario.

EDAD Y PROGRESIÓN
Los estudios indican que lo más frecuente es que los chicos inicien el consumo de drogas alrededor de los doce o trece años; entre los individuos de 18 a 24 años hay una prevalencia relativamente alta de consumo de sustancias, incluyendo al alcohol.
Muchos investigadores han observado que los adolescentes temprano s pasan del uso ilícito de sustancias legales (como el tabaco y el alcohol), al consumo de drogas ilegales (por lo general, empiezan con la mariguana). La progresión del consumo de tabaco y alcohol al de mariguana y, después, a medida que crecen, al de otras drogas, se ha encontrado en casi todos los estudios longitudinales sobre uso de sustancias tóxicas. En dicha progresión, el orden de consumo es consistente con las actitudes y normas sociales, así como con la disponibilidad de la droga. Sin embargo, no necesariamente el uso de tabaco y alcohol en edades tempranas es la causa del consumo posterior de otras drogas.
La secuencia observada no significa que la progresión sea inevitable. No obstante, sí denota que para alguien que alguna vez haya consumido tabaco o alcohol el riesgo de consumir la mariguana es 65 veces más alto que para una persona que nunca lo haya hecho. Del mismo modo, el riesgo de pasar al uso de cocaína en una persona que haya fumado mariguana, por lo menos una vez en su vida, es 104 veces más alto que para la que nunca la haya usado (estas cifras surgen de un análisis de los datos de 1991-1993 de la Encuesta Nacional de Hogares sobre Consumo de Drogas de los Estados Unidos de Norteamérica (National Household Survey on Drug Abuse).
Los científicos han planteado una serie de hipótesis en relación con esta progresión, incluyendo la de una posible causa biológica. La investigación sugiere, asimismo, causas sociales o conductuales, como puede ser una relación temprana con gente antisocial que use drogas. Realmente, todas estas circunstancias pueden influir en el inicio y evolución del consumo.

FACTORES DE RIESGO RELACIONADOS CON SUSTANCIAS
Existen distintos factores o situaciones de riesgo relacionados con los tres elementos que componen el consumo de drogas: Las sustancias, las personas, los ambientes.

Las sustancias por sí solas no significan nada; adquieren sentido a partir de que el sujeto las usa, para el cual cumplen una función determinada, y en un ambiente sociocultural que les adjudica significados y símbolos precisos. Con relación a las sustancias, un factor de riesgo es, sin duda, su composición farmacológica, su capacidad para crear dependencia, los efectos que produce. . .

El ambiente en que se mueve la persona también es decisivo a la hora de consumir drogas. Existen ambientes en los que estas sustancias gozan de prestigio social, está bien visto tomarlas, se asocian al ocio y a la diversión, están de moda y todo ello, facilita su consumo. Estas situaciones originan la selección y manipulación de la información, que suele ser sesgada o parcial, sobre los efectos de las sustancias; se minimizan sus riesgos y se exageran sus ventajas. El consumo de drogas genera una cultura e incluirse en esta cultura les facilita consumirlas.
Determinadas circunstancias ambientales originan conflictos sociales (violencia colectiva, desarraigos, marginación, etc.) que, al repercutir inevitablemente sobre grupos e individuos, también se transforman en factores de riesgo y vulnerabilidad.

Las personas son el “elemento clave” en el consumo de drogas. Las drogas no tienen vida propia y, al contrario que un virus, no se introducen en el cuerpo sin que la persona lo desee, existe siempre voluntad al ingerirlas. Hay oferta de drogas, porque hay gente dispuesta a tomarlas. La cuestión está en porqué y para qué las necesitan.
Entre los factores de riesgo de consumos problemáticos destacan algunas limitaciones en el desarrollo de la personalidad, tales como: falta de autonomía en la toma de decisiones; escasa capacidad crítica ante las presiones del entorno, incapacidad para la resolución de conflictos o problemas; deficiente autocontrol; mínimo desarrollo del sentido de la prudencia; un sistema de valores nulo o poco definido, ausencia de responsabilidad en los comportamientos y un concepto bajo de uno mismo, que repercute directamente en una baja auto estima.

Normalización del consumo: existen más probabilidades de que una persona llegue a consumir sustancias si es considerada como normal en su entorno. Se encuentran muchos factores que fomentan la aceptación del consumo de una sustancia específica por parte de un grupo o de toda una sociedad.

La disponibilidad de la sustancia ayuda a determinar la elección como forma adictiva. Entre más disponibilidad, mayor la cantidad de personas que establecen relaciones adictivas con ellos y más probabilidad de que llegue a normalizarse. Este principio se aplica en el caso de las sustancias ilegales.

La situación legal de una sustancia, tiene un gran impacto en las actitudes de la gente. Si una droga es legal, es más probable que sea aceptada o normalizada en el conjunto de la sociedad.

Precio: cuanto más alcance de las posibilidades económicas de un grupo de la población esté una sustancia, mayor probabilidad habrá de que se nonnalice su consumo el). este grupo. El precio de las sustancias ilegales, es determinado por la oferta y la demanda del producto.

La publicidad, patrocinio y promoción presenta el consumo de sustancias con la idea de que es normal e incluso deseable. Cuanto más se publicite alguna sustancia, más acostumbrada estará la comunidad a la idea de consumo. Ejemplo de esto, es la relación de figuras públicas o héroes, con el uso de alguna sustancia.

Medios masivos: presentaciones frecuentes y positivas de relaciones adictivas, principalmente de consumo de sustancias en la televisión, en películas, libros y tiras cómicas fomentan la normalización.

Rol cultural: las adicciones tienen un lugar en la cultura de cada sociedad, por lo cual se pueden normalizar. Por ejemplo, en un grupo de trabajadores de la construcción forma parte de su rutina terminar la semana de trabajo bebiendo alcohol al finalizar la jornada hasta perder el control, ya que dejar de hacerlo antes representaría una ofensa para el grupo.

Experiencias del consumo: si una sustancia produce la experiencia esperada o deseada para una persona, existen mayores posibilidades de que ésta se repita y continúe con el consumo. Pero el efecto que una sustancia tiene, difiere de persona a persona y de ocasión en ocasión, ya que depende:
Del consumidor. De su estado de físico, de las expectativas personales sobre el efecto de la sustancia y de las experiencias anteriores con las sustancias.
De la sustancia. De qué tipo de sustancia se trata, de la fuerza y pureza de la sustancia y de cómo es introducida al cuerpo.
De las circunstancias. En las que se consume la droga, el ambiente, el entorno físico y las expectativas del grupo.

FACTORES AMBIENTALES
El medio ambiente social puede ser el principal agente que promueva el consumo del usuario: uso de drogas en la escuela, en la colonia o en el barrio, invitaciones de familiares y de compañeros de trabajo, círculos de amistades que acostumbran reunirse para “beber”, fiestas donde se “toma”, problemas familiares, económicos, de educación, de empleo etc. El contacto cotidiano con estos ambientes y en estas situaciones, es motivo de gran preocupación.
Cuanto mayor sea la fuerza de toda la combinación de factores antes descritos que facilitan la adicción, el simple uso experimental de sustancias psicoactivas puede pasar a constituir un medio más o menos permanente de enfrentar las situaciones de vida y al final establecerse la adicción como la enfermedad que es.

 

¿TE ENCUENTRAS EN UNA SITUACIÓN DE RIESGO?

    1. Experimentas sensaciones de tristeza, vacío y soledad que a veces te conducen al aislamiento social y familiar.
    2. Tienes altos niveles de angustia.
    3. Tienes una sensación de desesperación, confusión y temor ante el futuro.
    4. A veces sientes la necesidad de vivir emociones o sensaciones intensas y fuertes, así como experiencias límite; es decir, que ponen en riesgo tu persona.
    5. Sientes o crees que tu autoestima es baja.
    6. Tienes problemas en tus relaciones interpersonales.
    7. Ocasionalmente tienes dificultad para decir no, o poner tus propios límites.
    8. Tu grupo de amigos usa drogas.
    9. Experimentas timidez e inseguridad.
    10. Ahora pocas cosas te dan placer, ya no disfrutas de las actividades que antes te eran satisfactorias.
    11. Tienes desinterés en la escuela
    12. En tu hogar hay falta de comunicación, se vive un clima de tensión y violencia.
    13. Tienes dificultad o incapacidad para controlar tus impulsos.
    14. Presentas desordenes alimenticios.

Estas situaciones no necesariamente te conducen al uso adictivo, sin embargo, si te identificas con alguna de ellas, ten cuidado.

SEÑALES QUE ADVIERTEN QUE UNA PERSONA PUEDE ESTAR ABUSANDO DE DROGAS
Existen una serie de señales que nos pueden alertar sobre la presencia de una posible situación de abuso de drogas y que si las atendemos y es confirmada, podemos intervenir en ese momento cuando recién empieza el uso, evitándonos los resultados tan devastadores que puede acarrear la dependencia adictiva.

Una persona puede estar abusando de drogas, cuando:

    • Muestra un cambio brusco en su conducta habitual.
    • Pérdida de interés en sus actividades habituales.
    • Ha perdido comunicación con su familia.
    • Mienten mucho.
    • Aislamiento.
    • Depresión.
    • Su estado de ánimo cambia con mucha facilidad.
    • Tiene mayores problemas a los habituales en la escuela, el trabajo y su relación con los demás.
    • Cambio de amistades.
    • No comentar sus actividades sociales.
    • Desinterés en su apariencia y aseo personal.
    • Disminución del rendimiento escolar.
    • Desordenes en la alimentación y el sueño.
    • Rechaza a sus antiguos amigos por otros nuevos.
    • Presenta intranquilidad y rechaza toda disciplina.
    • Hacen caso omiso de las reglas establecidas en el hogar.
    • Exige mayores cantidades de dinero para sus gastos.
    • Desaparición de dinero o cosas de valor en el hogar.
    • Presencia de olores especiales en cuerpo y ropa.
    • Ojos rojos e irritados.
    • Distorsión del sentido del tiempo.
    • Deterioro de la memoria.
    • Tos crónica.
    • Dolores de pecho
    • Irregularidades menstruales.
    • Dificultad de resistir infecciones comunes
    • Paranoia.
    • Fatiga y pérdida de vitalidad.
    • Lentitud en el habla.
    • Letreros o música alusivos a las drogas.
    • Parecen estar mareados y tienen dificultad al caminar
    • Ríen sin razón alguna.

Aún, cuando se consideran que algunos de estos cambios son normales en la adolescencia, es importante tomar en cuenta la aparición de estas señales y no subestimarlas como llamadas de atención de que algo está pasando.

 

 

 

FACTORES QUE PREDISPONEN LA ADICCIÓN


-Predisposición genetica
-Aprendizaje
-Familia
-Pérdidas
-El estrés
-Periodos de mayor riesgo para el uso de sustancias adictivas entre los jóvenes
-Factores de riesgo relacionados con sustancias
-¿Te encuentras en una situación de riesgo?
-Señales que advierten que una persona esta abusando de drogas

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