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DESARROLLO DE LA ADICCIÓN
Algunas personas son más susceptibles a la adicción que otras. Son susceptibles a ella las personas que no saben cómo establecer relaciones saludables y les han enseñado a no confiar. Deben haber sido tratadas mal por otros mientras crecían, y como resultado nunca aprendieron a relacionarse adecuadamente.
Si la persona fue criada en una familia donde la cercanía no era una realidad, estará más propensa a establecer una relación adictiva por dos razones. La primera, por haber aprendido a distanciarse de la gente y a no relacionarse con ella. Segundo, el crecer en ese tipo de familia le ha dejado un profundo sentimiento de soledad que no ha querido o no ha podido cambiar. La adicción le brinda la ilusión de ese cambio. Si ha crecido en una familia donde la gente era tratada como objeto más que como persona, ha aprendido entonces la lógica adictiva.
La adicción es una creencia activa en un compromiso ante un estilo de vida negativo. La adicción comienza y crece cuando una persona abandona los caminos naturales de satisfacción de necesidades emocionales al conectarse con otra gente, con su propia comunidad, consigo mismo y con un poder espiritual superior. El repetido abandono de uno mismo y de los valores propios en favor de la elevación adictiva, causa el desarrollo de la adicción y su gradual poder.
El reforzamiento negativo de adicción es similar al de una persona que se levanta cada mañana y se repite durante el día: ¿para qué molestarse? la vida es dura (tiene que ver con la actitud que tome). Cuanto más se dice esto, más se desarrolla el estilo de vida y la actitud de un fracasado ante la vida. Cada vez que el adicto elige vivir sus adicciones, se repite a sí mismo lo siguiente:
- Realmente no necesito a la gente.
- No tengo que enfrentar nada que yo no quiera. Tengo miedo de enfrentar la vida y mis problemas.
- Los objetos y los acontecimientos son más importantes que la gente.
- Puedo hacer todo lo que quiera, cuando yo quiera sin importar a quien lastime.
Este tipo de pensamiento apoya constantemente y refuerza un sistema de creencias adictivas en el enfermo. Un cambio de comportamiento comienza a darse. En muchos casos estos cambios son sutiles y graduales, lo que explica en parte la seducción del proceso adictivo. El comportamiento adictivo al que se hace referencia, es creado desde la enfermedad de la adicción y representa el cambio resultante del proceso adictivo, que tiene lugar en el interior de las personas.
Vergüenza
Conforme va pasando el tiempo y la persona continúa actuando, preocupándose y distanciándose emocionalmente de otros, su lado adicto empieza a cobrar más control sobre su vida interior. En esta etapa, la persona que sufre la adicción comenzará a sentir un jalón interior. Esto aparecerá como una inquietud emocional o remordimiento de conciencia.
La adicción empieza a producir vergüenza, como un subproducto. Esto sucede a niveles consciente e inconsciente. Entre más busca el adicto liberarse a través de la adicción, más será la vergüenza que experimente y mayor la necesidad de auto justificarse.
La vergüenza crea una pérdida de respeto a uno mismo, de auto estima, de seguridad, de autodisciplina, de autocontrol y de importancia del ser y de amor propio. Al principio esta vergüenza puede ser una incomodidad general. Es el primer costo que paga el adicto por su relación adictiva. El adicto empieza a sentir vergüenza por los signos de pérdida de control que comienzan a aparecer en su interior, más en un nivel emocional y racional que de conducta. Esta es la típica “etapa uno”. El adicto se siente cada vez más mal por su abandono interior, por comprometerse más con “objetos”, empieza a abandonar la relación íntima consigo mismo y con otros, así como con el poder superior.
Donde el comportamiento adictivo emerge
La adicción empieza a crear dolor, precisamente aquello que la persona trata de evadir. Al crear dolor el proceso crea también la necesidad de continuar la relación adictiva. El adicto busca refugio del dolor de la adicción sumergiéndose cada vez en el proceso adictivo. El adicto busca felicidad y serenidad mediante el trance que le proporciona la adicción, pero como ha empezado a abandonarse a sí mismo y a otros, no puede ver que el dolor que siente es creado por su propia actuación que gira alrededor de su relación adictiva.
La lógica adictiva
A veces la persona percibe que algo anda mal e intuye peligro al tomar una decisión de control. Internamente una persona empieza a cuestionar la relación patológica que se empieza a formar entre ésta y la adicción. Debido a este cuestionamiento, el desarrollo de mecanismos de defensa que justifiquen la relación adictiva hace su aparición.
La persona adicta encuentra la manera de lidiar con los cambios en su interior. Un alcohólico empezará a cuestionar urgencias internas de beber más frecuentemente. Al principio, estas urgencias son simples y rápidamente desechadas de la mente. Conforme aumentan, la persona empieza a explicárselas usando la lógica adictiva “esto es simplemente algo que me gusta hacer cuando veo la televisión”, “mejor satisfago ahora mis ganas de consumir, al fin que mañana ya no lo haré”.
La lógica adictiva no está basada en la verdad, niega la presencia de la relación adictiva. La persona adicta cree que el problema existe donde sea o que es demasiado grande como para sobreponerse a él. Un adicto al alcohol puede verse a sí mismo como alguien que tiene un problema conyugal y no un problema de exceso, así que su consumo continúa.
Puede ser que no tenga sentido que alguien se consuma a sí mismo en soledad, se alcoholice o consuma drogas que no sepa ni lo que son. Al comprender la lógica adictiva, no obstante, podemos comprender las causas de dichos comportamientos. Muchas personas, aun aquellas que sufren de adicción, tratan de encontrarle sentido al comportamiento adictivo mediante la lógica. Pero eso no funciona.
La lógica nos dice que no debemos lastimar a los demás; la lógica adictiva, en cambio, no toma en cuenta el lastimar a los demás, puesto que no considera importantes las relaciones humanas. Lo que importa en realidad es su relación adictiva con la sustancia.
Al entender la lógica adictiva, podemos ver y entender la personalidad del adicto. Cuando un alcohólico dice “realmente no me importa lo que piensas sobre mi manera de beber”, logramos ver la visión que tiene el adicto de las relaciones interpersonales. Cuando el adicto dice “no estoy lastimando a nadie más que a mí mismo” podemos tener una idea más clara de sus propios sentimientos. La lógica adictiva puede resumirse como todos los mecanismos de defensa que utiliza el adicto para protegerse de una posible desconexión con la relación adictiva.
Recordemos que en la etapa uno la personalidad adictiva se ve menos amenazante y más amigable. Esto comienza a conformar lo que se llama recuerdo eufórico -recuerdo del aspecto placentero del proceso adictivo y negación u olvido del dolor-. En la etapa uno actuar y lograr el cambio de humor provoca diversión, excitación, ideas nuevas, estímulos. No es sino hasta la etapa dos cuando la actuación empieza a perder la parte seductora.
La sustancia conserva la habilidad para cambiar el humor del adicto, pero con el tiempo la diversión empieza a desvanecerse y se hace necesario consumir para mantenerlo todo como antes. La persona actúa más y más para encubrir y escapar del dolor y la frustración creados por el proceso adictivo.
El engañoso sistema adictivo
La lógica adictiva se desarrolla lentamente como un sistema de creencias, un sistema ficticio o engañoso desde el cual la vida del adicto será dirigida. La persona peleará contra ello tanto como le sea posible, pero eventualmente tanto este sistema como la propia adicción, acabaran por tomar las riendas de la situación.
Cuanto más progrese la enfermedad, más complejo y rígido se volverá el sistema engañoso. Cuando los adictos se hacen la pregunta ¿cuándo va a parar esto?, la respuesta que obtienen es una promesa holgazana que proviene de su interior diciendo “no es tan malo”. La función del sistema engañoso es alejar a la gente que amenaza la relación adictiva.
La conducta de la gente adicta es la parte más visible y la que llama la atención más fácilmente. Las conductas como beber sin ningún tipo de límites son signos de que la persona interiormente está fuera de control. En esta etapa la conducta de la persona también está fuera de control.
En la etapa uno la persona adicta es capaz de contener la adicción a tal grado que ocurren pocos episodios en los que esté conductualmente fuera de control. En la etapa dos esos episodios son cada vez más frecuentes, ya que la persona se preocupa en mayor medida por los objetos o las conductas propios de la adicción.
Al principio el adicto actúa aún dentro de lo normal. Pero dentro de todos ellos empieza a desarrollarse una profunda y consumidora dependencia física, psicológica y social. Se empieza a desarrollar una dependencia conductual. En la dependencia conductual la persona empieza a actuar ritualmente el sistema de creencias adictivo, y su conducta se va saliendo poco a poco de control. Una vez que la adicción toma el control emocional y mental de la persona, ésta depende de esa adicción. El sistema de creencias adictivo sustenta a la persona y se desarrolla como un estilo de vida.
La adicción trabaja muy bien creando dolor, miedo, vergüenza, soledad y rabia. La adicción crea estos sentimientos para que el adicto gane control sobre el yo. Crea la necesidad de alivio prometiendo que éste se encuentra en el cambio del estado de ánimo que se produce con el consumo. En este momento, la adicción tiene el control total. El adicto no se interesa por lo que pasa con los demás. Lo que mantiene su interés es vivir la adicción y exaltarse. Vivir la adicción ya no produce placer. Aún produce cambios en el estado de ánimo pero con demasiado dolor como para escapar. El aspecto mágico de la adicción empieza a romperse bajo la tensión porque la persona vive una sobrecarga emocional. El actuar puede volverse aburrido y ritualizado. Los adictos empiezan a comportarse de maneras que nunca pensaron posibles. Su conducta es tan extrema que ellos mismos se asustan. Situaciones peligrosas que amenazan la vida vienen a ser evidentes no sólo ante su parte adictiva, sino también ante la familia y amigos. La capacidad de enfrentar los problemas se quebrante. Resolver problemas emocionales va en contra del proceso adictivo que aparece por cuestiones no resueltas y la tensión que estas producen. Las cuestiones no resueltas se ven como pretexto para vivir la adicción. El adicto tiene tantos sentimientos no resueltos que su estabilidad emocional está totalmente debilitada. La ilusión de tener el poder no proporciona seguridad ante presiones tan grandes. Emocionalmente la persona se quebranta.
La paranoia es el resultado de que el adicto cuestione todo y a todos, ¿por qué? ésta se convierte en una pregunta tortuosa, constante e interna, que se toma en la ansiedad que experimentan los adictos en esta etapa tardía y puede durar de instantes a días. Aquellos que entran en esta etapa de ansiedad sienten que el mundo entero se ha vuelto contra ellos y a nadie le importan, y aun peor, no le agradarán a nadie nunca más. Este aspecto de la adicción puede ser devastador para el adicto.
La persona se vuelve totalmente temerosa de la intimidad y se aleja de cualquier signo que se le acerque. Los adictos creen que los demás son la causa de sus problemas. Piensan que la gente no los puede entender, entonces hay que evitarlas; sin embargo se molestan si los abandonan. El aislamiento y la soledad crean un centro que se conecta emocionalmente con otros. Tienen pánico de terminar solos. En su desesperación se comportan como niños, con una cualidad: intentan conectarse con otros sujetándolos y frecuentemente se sienten muy mal si sienten que los desprecian.
Por otro lado, los adictos prueban los límites que hay alrededor de ellos. En esta etapa, los adictos están tan fuera de control conductual que pueden caer en problemas con la ley, en su trabajo, teniendo graves problemas financieros. Los adictos crean problemas en su entorno porque su conducta traspasa los límites que la cultura acepta.
La adicción produce mucha tensión y después de años de tal carga emocional y psicológica, comienzan a aparecer los síntomas físicos. Las diferentes adicciones afectan el cuerpo y mente de los adictos de distintas maneras. Los adictos continuamente ven sus cuerpos como objetos a ser usados y de los que pueden abusar.
En este momento, una persona puede empezar a considerar seriamente intentar o cometer el suicidio. Hay dos razones para ello:
- El dolor interno es tan grande que la persona quiere detenerlo y la promesa de alivio ya no le funciona. Los adictos quieren detener su dolor pero no creen que puedan lograrlo. Si ya no creen en sí mismos, el suicido empieza a cobrar sentido especialmente cuando se usa la lógica adictiva.
- Los adictos están tan llenos de vergüenza y odio hacia su lado adictivo que quieren terminar la relación adictiva a toda costa -al punto de cometer un homicidio contra su adicto interno-. Nadie odia más al adicto que la propia persona que sufre la adicción.
El adicto ahora está totalmente comprometido con el proceso adictivo y no es capaz de romperlo sin intervención externa.
Cuándo tiene lugar la recuperación
Una vez que la persona toca fondo, acepta y se responsabiliza de tener una personalidad adictiva, el adicto puede empezar a pensar en entrar en un programa de recuperación y las probabilidades de que lo tome aumentan. La verdadera aceptación de la presencia y de la fuerza de una adicción obliga al adicto a buscar ayuda fuera de sí mismo.
Negar su adicción forma parte de una práctica de vida adictiva. Admitir la presencia de la adicción es una de las bases del principio del proceso de recuperación.
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