Red Latina de Adicciones
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CARACTERÍSTICAS DE LA ADICCIÓN

LA HIPERSENSILIDAD
Para comprender mejor las actitudes y reacciones del adicto, es importante saber de dónde procede la persona. Podemos entender las reacciones sumamente raras de una persona ante ciertas experiencias sólo si conocemos las condiciones que rodearon dicha experiencia.
Si tuviéramos que ver a alguien reaccionar con ira ante lo que parece un contacto apenas notorio, digamos, el roce de alguien en un elevador, tal vez nos podríamos preguntar, ¿Qué le pasa a esta persona? , de quien pensaremos que tiene una tolerancia muy limitada. Pero lo más probable es que consideremos que su reacción es injustificada.
Mientras un bronceado es fácil de notar para todos los que pueden ver, las sensibilidades emocionales de la gente no lo son. Por consiguiente, es posible que no entendamos una reacción intensa si desconocemos las sensibilidades peculiares de la persona.

Un consuelo para los sentimientos de aflicción y malestar
Aunque muchas personas ingieren alcohol y otros fármacos para excitarse, muchas otras recurren a las sustancias químicas sólo para sentirse normales. Para estos dependientes de las sustancias químicas, alcohol y otros fármacos son anestésicos emocionales, ya que buscan consuelo para sus sentimientos de aflicción y malestar.
Naturalmente la vida de casi todo el mundo pasa por una multitud de circunstancias estresantes. Pero la mayoría de la gente no consume alcohol u otras drogas para enfrentar sus aflicciones.
Algunas personas parecen tener mayor sensibilidad al estrés, por lo que experimentan el malestar emocional con más agudeza que las demás. Muchos adictos son emocionalmente hipersensibles y tal vez tienen emociones más intensas que los no adictos. Quienes dependen de las sustancias químicas suelen parecer casi inmoderadamente sensibles, con emociones de una intensidad extrema. Cuando aman, lo hacen con intensidad, al igual que cuando odian. Muy probablemente, el estímulo que tal vez no provoque dolor emocional en el no adicto, originará una gran aflicción en el adicto.
Muchos adictos son solitarios. Normalmente parecen ser antisociales y gozar su soledad, pero eso no es necesariamente cierto. Los seres humanos por naturaleza ansían compañía. El solitario no goza en realidad el aislamiento, pero lo atemoriza menos que la compañía. Convivir con gente expone al adicto a que lo hieran o al rechazo, que para él es devastador por la hipersensibilidad característica en ellos. Con frecuencia anticipa el rechazo cuando cualquier otro ni siquiera pensaría en él. Irónicamente, la anticipación al rechazo puede resultar un tormento de suspenso de suspenso, que llega a ser tan intolerable que el adicto se vuelve ofensivo y provocativo, dando pie al rechazo para deshacerse del suspenso. En otros momentos, los adictos intentan evitar el rechazo aferrándose y siendo posesivos. Así, en los adictos suelen observarse aislamiento social, conducta ofensiva y celos fanáticos.
La lógica adictiva y distorsionada no siempre es consecuencia del consumo de sustancias químicas, pero a menudo lo precede. Lo mismo vale en lo tocante a la hipersensibilidad emocional.

No pertenecía a todos ustedes
Después de 19 años en recuperación, un hombre dijo en una charla de AA: Cuando tenía unos nueve años de edad empecé a sentirme diferente de todos los demás. No me explico por qué, pero así era. Si entraba a una habitación llena de gente, sentía que no pertenecía a todas esas gentes, y no me sentía bien. Simplemente no era mi lugar. Años después, cuando tomé mi primer trago, de repente sentí que el mundo armonizaba conmigo. Pertenecí.
Este ejemplo ilustra vívidamente los intensos sentimientos de ser diferente que la mayoría de los adictos experimenta antes de consumir su primera droga.
Los adictos hipersensibles a menudo ignoran su excesiva sensibilidad emocional, por lo que perciben una intención hostil en actos o comentarios inocentes y pueden reaccionar en conformidad.

LA CULPA Y LA VERGÜENZA
Suele pensarse que los adictos están agobiados de culpas. Desde luego, cuando oímos decir que el adicto expresa remordimientos, percibimos lo profundamente culpable que se siente. Los adictos pueden sentir un remordimiento genuino, pero a menudo no sienten culpa sino vergüenza. La diferencia entre las dos es enorme.
La persona culpable dice: Me siento culpable de algo que hice. La persona llena de vergüenza dice: Me avergüenzo de lo que soy.
¿Por qué es tan importante la distinción? Porque las personas pueden disculparse, reparar, enmendarse y pedir perdón por lo que hicieron, pero harán patéticamente poco en lo tocante a quienes son. La persona que siente vergüenza ni siquiera intenta cambiar, ya que piensa: No puedo cambiar mi esencia. Si estoy constituido de material inferior; no hay razón para que me esfuerce en cambiar: Sería un acto ineficaz.
La culpa puede dar origen a una acción correctiva. La vergüenza lleva a la resignación y a la desesperanza.
El análisis profundo de las personas adictas revela a menudo muy poco amor propio y sentimientos arraigados de inferioridad.

Cómo se desarrolla la vergüenza
No siempre es posible descubrir de donde parten los sentimientos de vergüenza, ya que puede ser el resultado de muchas cosas, como la cultura, la familia, relaciones vergonzosas, pensamientos y comportamientos que implican vergüenza de sí mismo como fuentes de la vergüenza.
Pero otro factor importante puede ser la manera en que los seres humanos llegan al mundo: son indefensos y serán dependientes mucho más tiempo que otros seres vivos. Los seres humanos, a diferencia de muchos animales, morirían sin el cuidado de los adultos durante los primeros años de sus vidas. Y aunque sean autosuficientes desde el punto de vista físico, algunos niños se conservan económicamente dependientes de sus padres hasta la tercera década de su vida. Depender de otros no promueve la autoestima. La impotencia y la dependencia pueden generar sentimientos de inferioridad y vergüenza.
Se requiere de un esfuerzo paterno basado en conocimientos para ayudar a los hijos a desarrollar su autoestima. Los que son demasiado protectores o hacen demasiado por sus hijos no les permitirán desarrollar una sensación de dominio. Los que exigen de sus hijos cosas que aún no son capaces de cumplir pueden provocar que se sientan inadecuados. Las circunstancias paternas y ambientales ideales son raras y relativas; por ello muchas personas crecen con una autoestima incierta.

Por qué los adictos sienten vergüenza
El sentimiento de poco amor propio o de vergüenza en los adictos suele ser más grave. Las circunstancias que suelen originar los sentimientos de culpa en personas emocionalmente sanas ocasionan sentimientos de culpa en los adictos como una especie de corto circuito. Suponga que enciende el aire acondicionado, y lo que se prende son las luces, o que enciende la lavadora y lo que se prende es la secadora. Es obvio que los cables están cruzados. Es lo que sucede con los adictos: Lo que debería producir culpa provoca vergüenza.
Debido a que la conducta adictiva resulta a menudo en actos inapropiados, irresponsables y hasta inmorales, existen muchas razones por las que el adicto debería sentir culpa, pero lo que en realidad experimentará es una profunda vergüenza.
La vergüenza no sólo es infructuosa sino también contraproducente. La profunda vergüenza que siente el adicto da como resultado que piense que es inútil cambiar su forma de ser. La culpa podría haberse superado, pero la enmienda no puede modificar el material defectuoso del que los adictos sienten estar constituidos.
El remordimiento en el adicto es tan común como el frío en invierno. Las lágrimas del adicto pueden ser desconsoladoras. Cualquiera que lo escuche y no conozca el pensamiento adictivo jurará que esa persona jamás volverá a ingerir una gota de alcohol o a consumir una droga.
José, un carpintero de 44 años de edad, entro a un centro de rehabilitación manifestando grandes remordimientos. ¿Cómo puedo causar tantas desgracias a los que mas amo? ¿Cómo pude haber hecho esto a mi familia? Los amo y los he tratado mal. Prefiero matarme que volver a beber.
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Esa noche, más tarde, la enfermera noto que José estaba actuando de manera extraña.
Por sugerencia del terapeuta, la enfermera revisó su habitación y encontró una botella de vodka casi vacía. El remordimiento de José no era hipócrita, pero representaba vergüenza más que culpa. Sentía que no importaba lo que hiciera, siempre sería un marido y un padre inadecuado, y que estar sobrio no lo haría ser mejor. El dolor y el daño que había infligido a su familia requerían un consuelo y, puesto que sentía que nada cambiaría bebiera o no, volvió al vodka que había introducido a escondidas al centro dónde planeaba mantenerse sobrio. Ése es el pensamiento adictivo.

LA IRA
La ira es una emoción poderosa e importante. Su manejo puede muy bien ser el problema psicológico más difícil de nuestra época. Aún cuando exista buena literatura de las adicciones sobre la ira, todavía es necesario que entendamos más acerca de su verdadera esencia.

Las tres fases de la ira
La ira se puede subdividir en tres fases. La primera es el sentimiento de ira cuando es provocada. Si alguien me ofende o me lastima, me enojo. Es esencialmente una emoción instintiva o refleja, sobre la que se tiene poco control.
La fase 2 es la reacción a la ira. Cuando se me ofende me puedo morder los labios y no decir nada, hacer un comentario, insultar, dar un empujón o golpear con fuerza. Aunque es posible que no tenga control sobre el sentimiento de ira, si lo tengo sobre mi reacción.
La fase 3 es la retención de la ira. Concedemos que no tengo control sobre el sentimiento inicial cuando es provocado, pero ¿cuánto tiempo conservo ese sentimiento? ¿Minutos? ¿Meses? ¿Años?
Por comodidad, hagamos referencia a la fase 1 como “ira”, a la 2 como “rabia” y a la 3 como “resentimiento”.
Muy a menudo la ira provoca rápidamente rabia. Los adictos parecen tener una particular dificultad en su reacción a la ira, aun cuando no están bajo la influencia de una sustancia química. Desde luego, cuando estas sustancias han debilitado el control sobre uno mismo, la reacción de rabia puede ser muy grave. ¿Existe alguna manera de disminuir la intensidad de la ira de la fase 1?
Todas las emociones tienen una función. Aunque los devotos fanáticos y los libres pensadores están en desacuerdo en muchos puntos, concuerdan en que todo lo que existe en la naturaleza tiene una función. Por ejemplo, los colores en el mundo animal que les permiten a las criaturas armonizarse con su entorno, les sirve de camuflaje que los protege. O bien los colores brillantes atraerán a una pareja.
Puede preguntarse: “¿Cuál es la función de la ira en la naturaleza?” No parece necesaria para la supervivencia. Si alguien fuera atacado, es posible que se defienda adecuadamente sin enojo. El miedo puede existir sin la ira e iniciar la reacción de huida o de enfrentamiento necesaria para la supervivencia. Aun sin ira puede recordar quien lo atacó y estar alerta para futuros ataques.
La ira no es lo mismo que el odio. Podemos estar muy enojados con alguien a quien amamos, y podemos odiar a alguien sin estar enojados con él. ¿Entonces cuál es el propósito de la ira?
Parece ser que el propósito natural de la ira es preservar el orden social. Nuestros sentimientos de ultraje cuando alguien es asaltado, golpeado o dañado nos llevan a actuar para impedir dichos acontecimientos. Sin ira podremos defendernos en forma adecuada, pero no haremos el esfuerzo de proteger a otro. La ira es una emoción evocada por la injusticia hacia nosotros mismos y hacia los demás.
Pero ¿qué es injusto? Depende de los pensamientos, de los valores y de las creencias de la persona. La gente difiere mucho acerca de lo que es justo o injusto en este mundo. Por ello, algunos se enojan mucho más rápido que otros.

Los adictos y la ira intensa
Muchos adictos parecen pensar que el mundo es injusto hacia ellos. Se sienten estafados por todos y están enojados con todo el mundo, incluso con Dios. ¿Por qué yo? ¿Por qué tú me haces esto a mí?
La sensibilidad del adicto a cualquier injusticia percibida se parece mucho a la de la persona con migraña que siente un dolor agudísimo ante los colores brillantes o los ruidos fuertes. Los adictos suelen sentirse ofendidos, menospreciados y humillados por todos los demás. Su familia no los ama lo suficiente, sus amigos no valoran bastante su compañía, no reciben el reconocimiento que merecen de sus jefes por su enorme trabajo, y así sucesivamente. ¿Cuánto es bastante? Debido a la hipersensibilidad ya las insaciables necesidades de algunas personas, ni el infinito es suficiente.
Entonces, el problema para los pensadores adictivos no sólo se halla en su reacción de rabia, sino también en la distorsión de sus percepciones. Por ejemplo, un hombre llega a casa de su trabajo y anuncia “¡Hola, todos, ya llegué!” La esposa y los hijos, absortos en un emocionante programa de televisión, le contestan distraídos y no brincan para darle la bienvenida. Para este hombre, su falta de respuesta indica lo poco que lo valoran.
¿Qué les parece? Me rompo la espalda todo el día para mantenerlos adecuadamente y he aquí cómo me aprecian. Para él esta falta de aprecio es una gran injusticia y siente una intensa ira. O, cuando su esposa presta atención a sus amigas, puede sentir que ella no lo valora lo suficiente y se enoja con ella por “humillarlo”.
Así, podemos entender, aunque no disculpar, las reacciones del adicto que se siente víctima de la “injusticia”. Todas las culturas aceptan que los perpetradores de injusticias deben ser castigados. Es lo que hace el adicto que manifiesta su ira, castiga al otro por una “injusticia” o bien, se devalúa a sí mismo, se conmisera y se aísla con la carga de un gran resentimiento hacia las personas que fueron “injustas con él. Aunque las técnicas para manejar la ira son importantes, superar el pensamiento distorsionado que genera la ira seria obviamente más útil.

LA PARED DE RECLUSIÓN
Debido a su sensibilidad emocional, a su mala imagen de sí mismos, y a las expectativas mórbidas de los adictos, es comprensible que puedan intentar protegerse del malestar anticipado. Siempre piensan que van a ser despreciados, criticados o rechazados. Para defender su psique del dolor que eso les provoca, muchos adictos construyen una pared protectora entre ellos mismos y el resto del mundo.
Muchos se describen a sí mismos como solitarios. De hecho, la única manera en que pueden relacionarse con otros sin malestar es cuando se han anestesiado con sustancias químicas. Cuando no están bajo esa influencia pueden aislarse pasivamente o mantener a los demás a distancia, siendo santurrón, hipercrítico o detestable.

El grado del puercoespín
Aunque el aislamiento evita a los adictos el malestar anticipado inherente al relacionarse con los demás, también los priva de la compañía que ansían. Podemos decir que el adicto está en un dilema debido a un elevado "grado de puerco espín" , pues es igual que él, que desea estar en contacto con otros puerco espines pero teme que sus espinas lo piquen. Acercarse demasiado puede ser doloroso, pero mantenerse demasiado alejado es soledad. El puerco espín debe por consiguiente calcular con cuidado qué tanto se acerca para lograr cierta compañía mientras evita ser lastimado.
Aunque las paredes defensivas que construyen los adictos los protegen de las "púas" del mundo exterior, también lo recluyen, frustrando la intensa necesidad humana de la amistad. La pared erigida como protección se vuelve entonces una cárcel.
Gran parte de la conducta del adicto refuerza su aislamiento. Su conducta mentirosa, decepcionante, manipuladora, resentida y criticona provoca que otros lo rehúyan. La ira, el egoísmo, la falta de consideración y la irresponsabilidad hacen indeseable su compañía. Aunque actúan de una manera que provoca que se les evite, resiente el aislamiento en el que se encuentran. La soledad agrava las cosas, ya que es otro reforzador de su mala imagen de sí mismos, y los adictos intentan evitarla incrementando su consumo de sustancias químicas anestesiantes, y perpetuando el circulo vicioso.

Echando fuera a la familia y a los amigos
El aislamiento de los adictos de los contactos sociales externos es bastante malo, pero el problema se agrava cuando crean una pared defensiva en casa. A menudo descubren que no logran fácilmente su aislamiento físico y entonces las tácticas conductuales se vuelven su única defensa disponible. Esto resulta a menudo en una conducta violenta hacia quienes más aman: cónyuge, hijos, padres y hermanos.
Al principio las expectativas de rechazo del adicto se basan en una mala percepción y se vuelven una profecía que se cumple. Como piensan tan mal de ellos mismos, consideran que los demás los rechazarán. A medida que aumentan las maniobras defensivas, el rechazo anticipado deja de ser una fantasía, la gente en verdad los rehúye, lo que a su vez refuerza su mala imagen de sí mismos.
Si la familia y los amigos tratan de llegar a su ser amado abriéndose paso por la pared defensiva o rodeándola, el adicto puede sobrecogerse de terror y reforzar la pared. Por ejemplo, una mujer solicitó tratamiento para su drogadicción porque ya había lastimado todas las venas de su cuerpo. Su aspecto al ser internada en el centro de rehabilitación era espantoso. Cuando pareció estar bastante más sana, le señalaron: “Celia, estás empezando a verte bien”. Recibió el comentario con una imprecación odiosa.
Al día siguiente Celia se disculpo por su comentario ofensivo. “No comprenden”, dijo. “Me dijeron algo positivo. No sé como manejarlo”. El tratamiento inicial por lo menos la había hecho darse cuenta de su conducta provocativa, pero fueron necesarios meses antes de que pudiera aceptar una frase positiva sin malestar. Sin el tratamiento habría seguido rechazando a todo aquel que se le acercara.

LA LÓGICA EMOCIONAL DEL ADICTO
La adicción empieza como una ilusión emocional que se crea en el adicto antes de que otros a su alrededor, o aun él mismo, se den cuenta de que se ha establecido una relación adictiva. El adicto empieza a conformar un sistema defensivo para proteger su propio sistema adictivo de creencias contra los ataques de otros, pero sólo hasta que la adicción está bien establecida en el nivel emocional. Intelectualmente el adicto sabe que una droga no puede alimentarlo emocionalmente. Los alcohólicos han oído el proverbio que dice “no puedes escapar dentro de una botella”. La enfermedad de la adicción empieza muy en lo profundo del interior de la persona, y sus sufrimientos tienen lugar en el nivel emocional. La adicción es una relación emocional con su sustancia (s) favorita (s) a través de la cual el adicto trata de satisfacer sus necesidades más íntimas. Cuando lo vemos de esta manera, la lógica de la adicción empieza a esclarecerse.
Cuando los alcohólicos empiezan a sentirse fuera de control, toman un par de tragos para reanudar el control. La adicción es muy lógica y sigue una progresión igual de lógica; pero esa progresión está basada en la lógica emocional, no lógica intelectual. Una persona que trata de entender la adicción utilizando para ello la lógica intelectual se frustrará y se sentirá manipulada por el adicto. Esto explica en parte por qué una terapia oral (cuando el sujeto habla con un solo consejero, sin grupo de apoyo) es tan poco eficiente para convencer al adicto de que finalice sus relaciones adictivas y destructivas.
La lógica emocional puede resumirse en la frase “quiero lo que quiero y lo quiero ahora”. Las necesidades emocionales frecuentemente se sienten de manera urgente y compulsiva. La lógica emocional trabaja para satisfacer esa urgencia aun cuando no sea en beneficio de la persona.
Un alcohólico se dice a sí mismo que ya tomó para toda una semana; al poco rato, sin embargo, tiene un día difícil en el trabajo y se siente incomodo, busca su botellita para aliviar sus sentimientos aun cuando se ha dicho a sí mismo que no beberá más esa semana. La presión emocional crece porque la adicción compromete la necesidad profunda de satisfacer las necesidades emocionales y liberar las presiones; finalmente debe rendirse ante su urgencia.
La lógica emocional arrincona al adicto contra sí mismo. En la filosofía de Alcohólicos Anónimos hay una oración que dice “Recuerda que lidiamos con el alcohol, astuto, desconcertante y poderoso”. Ésta es también una manera veraz de describir la lógica emocional encontrada en toda adicción: astuta, desconcertante y poderosa.

LA FORMA EN QUE LOS ADICTOS SE TRATAN ASÍ MISMOS Y A LOS DEMÁS
La relación prioritaria del adicto es con la sustancia o conducta adictiva y no con personas.
Normalmente manipulamos objetos para nuestro placer, para hacer la vida menos dolorosa, más fácil y placentera. Los adictos transfieren poco a poco su relación con los objetos –sustancias, conductas adictivas- a su interacción con las personas que los rodean, y llegan a tratarlas como objetos dimensionales que también manipulan. Por ejemplo, el adicto a la cocaína ve a las personas como dinero al que puede tener acceso para comprar su droga primero y después como personas. La gente cercana al adicto se frustra, se enoja y se cansa de ser tratada como objeto. Eso genera mayor distancia entre el adicto y los otros, por lo que este último queda aún más aislado que antes.
Los adictos se tratan a sí mismo como tratan a los otros. Al tratarse como objetos, su mente, su espíritu y su cuerpo son sometidos a muchos peligros diferentes, incluyendo niveles elevados de tensión. Como continúan tratándose como objetos, frecuentemente llegan a padecer alguna forma de trastorno y la posibilidad de que muera está latente.

Los objetos son predecibles
Los adictos empiezan a confiar en su cambio de estado de ánimo causado por su adicción porque es consistente y predecible. Esta es la parte seductora de la adicción.
El adicto experimenta un cambio predecible de humor. La adicción causa un cambio de estado de ánimo predecible. Como el estado de ánimo que provoca la adicción es predecible para los adictos, éstos creen que es confiable; se respaldan en un cambio de estado de ánimo y al principio ese cambio se da.
La gente no siempre les es accesible. Un adicto puede tener necesidad emocional de apoyo e ir con su mejor amigo y encontrar que este último tiene una necesidad de apoyo aún mayor que la de él mismo. Cuando esto sucede, el adicto concluye que los objetos son más confiables que las personas.

Prioridades erróneas
Los adictos activos quieren ser los primeros en todo, y lo demandan. Todos sus quiero son importantes. Los objetos no tienen deseos ni necesidades; así pues, en una relación con un objeto, el adicto puede ser siempre el primero. Esa cualidad es muy atractiva para él y encaja perfectamente en su sistema de creencias creado por su lógica emocional; confía en su objeto o sustancia adictiva, no en la gente. Confiar en las personas se vuelve una amenaza al proceso adictivo. Para el adicto activo, el objeto es primero; la gente es secundaria, a menos que parezcan objetos que podamos manipular a nuestra conveniencia.
Todos queremos plenitud y estamos en búsqueda de relaciones que nos la den. La adicción es un problema de relación; es una relación destructiva pero comprometida. De la misma manera que una relación entre dos personas es destructiva, carece de sentido para los demás aun cuando siga funcionando por años, la relación destructiva del adicto se vuelve igual de absurda.
En sus etapas iniciales, la adicción es un intento de plenitud. De muchas maneras la adicción es un proceso normal que luego se desvía. La mayoría de las amistades empiezan con vínculos emocionales que buscan satisfacer necesidades. La adicción es una manera patológica de obtener esa plenitud. En lo que el adicto confía y depende es en la falsa promesa y el falso sentido de plenitud producido por el cambio predecible en su estado de ánimo.

Intensidad confundida con intimidad
Los adictos confunden emocionalmente la intensidad con la intimidad. Practicar la adicción es una experiencia intensa porque implica para los adictos ir contra sí mismos.
Durante el trance creado al actuar la adicción, los adictos pueden sentirse muy excitados, muy avergonzados o muy atemorizados; lo que sea que experimenten, lo sienten intensamente; se encuentran enajenados al momento por esa intensidad. Sin embargo, la intensidad no es intimidad, aunque los adictos repetidamente confunden ambas emociones. El adicto tiene una experiencia intensa y cree que es un momento de intimidad. Por ejemplo, un alcohólico ve su relación con sus compañeras, las bebidas, como profunda y muy personal, pero éstas se alejan cuando el acto de beber deja de ocurrir.
La intimidad se construye lentamente, a través del tiempo. No distingue lo que es intimidad ni la diferencia entre lo intenso y lo íntimo.
También quienes sufren las adicciones sólo viven para el momento presente, usando una lógica emocional.

La adicción es más que una relación de conveniencias
Frecuentemente nuestras relaciones con objetos y conductas son de conveniencia, lo que significa que manipulamos los objetos para nuestros fines, para facilitamos la vida y hacerla más confortable. Normalmente en esas relaciones no hay un vínculo afectivo pero si una ilusión de intimidad. Eventualmente su relación emocional se vuelve prioritaria porque experimentan un cambio de estado de ánimo y empiezan a creer que sus necesidades emocionales están satisfechas. Esto es una ilusión. Una vez que la persona empieza a buscar en alcohol o drogas, su estabilidad emocional está construyendo la base de una relación adictiva con dicha sustancia. Así, se puede definir la adicción como un amor patológico y una relación de confianza con un objeto (droga psicoactiva).
¿Qué significa esto exactamente? Un individuo con patologías está fuera de una condición sana y normal. Cuando alguien es descrito como enfermo, significa que se ha apartado de lo que se considera normal. La palabra patología se refiere a lo anormal. En consecuencia la adicción es una relación anormal con una sustancia/conducta adictiva. En la adicción, el adicto se separa de esa función normal y socialmente aceptable de consumo y establece un uso patológico o anormal con la sustancia/conducta adictiva. La adicción adquieren una función nueva; el adicto desarrolla una relación adictiva, esperando satisfacer sus necesidades. Ésta es la enajenación mental de la adicción, puesto que la gente normalmente satisface sus necesidades emocionales o de intimidad a través de una balanceada combinación de conexiones íntimas con otras personas, consigo mismo, con su comunidad y con un poder superior.

La adicción no permite alcanzar el sentido de la vida
Nos nutrimos al acercamos a los demás y después hacia nuestro interior. En la adicción este alcance es totalmente interno hasta el punto de que la persona se anula a sí misma. La adicción existe en el interior de 1a persona y cada vez que un adicto se preocupa o actúa de manera adictiva se aísla de los demás. Cuanto más progresa la enfermedad adictiva, menos habilidad siente para establecer relaciones significativas con otros.
La adicción hace la vida muy solitaria y aislada, lo cual crea una necesidad aún mayor en el adicto. Cada vez que se hiere, busca refugio en la adicción buscando liberación, exactamente como cualquiera lo busca en su esposo, su mejor amigo o sus creencias espirituales. Para el adicto, el cambio de estado de ánimo creado por la adicción le otorga la ilusión de que su necesidad ha sido satisfecha.

CONFUSIÓN DE CAUSA Y EFECTO
Algunas personas que padecen el trastorno de aprendizaje llamado dislexia, “ven” las letras invertidas en las palabras. Se les pide que lean gato y dirán toga o tago, pero están seguros de haberlo leído bien. El problema atañe a su percepción de la organización de las letras, no es un problema de inteligencia.
Sucede algo similar cuando el adicto invierte mentalmente la causa y el efecto. Por ejemplo, María afirma que bebe y consume pastillas porque su vida hogareña es intolerable. Relata su percepción de la verdad. Su marido se aisló de ella, es indiferente a ella y le hace comentarios mordaces. Sus hijos se avergüenzan de ella y le faltan al respeto. Ella considera que esta tortura emocional provoca su alcoholismo. Dice: “Cuando termino de trabajar y ya terminó la excitación del día, y ya no hay nada que hacer, desde luego deseo algunos tragos”.
Todos hemos visto caricaturas de un hombre que se queja con una mujer en un bar: “Mi esposa no me entiende”.
MUJER: ¿Qué es lo que no entiende?
HOMBRE: No entiende por qué bebo.
MUJER: ¿Por qué bebes?
HOMBRE: Porque mi esposa no me entiende.
La actitud de la familia, la presión del trabajo, la insensibilidad del jefe autoritario, la dureza de los amigos, los ataques de ansiedad, los irritante s dolores de cabeza o de espalda, los aprietos económicos, o cualquier otro problema, cualquiera que sea la razón que el adicto da de su adicción, la formula siempre es la misma. El hecho es que suelen provocar los problemas, pero el adicto considera que el problema ocasiona su consumo de sustancias/conductas adictivas.
Aunque de hecho María tiene los problemas de los que se queja, no reconoce su confusión de la causa y el efecto. La conducta de su marido, aunque desagradable, es en respuesta a su alcoholismo y su consumo de pastillas. No puede comunicarse a fondo con ella debido a su consumo de sustancias químicas, sus hijos están molestos y avergonzados porque no pueden invitar amigos por temor a las imprevisibles payasadas de la madre, Le perdieron el respeto debido a su consumo de drogas.
Así como al disléxico le cuesta trabajo la lectura hasta que se manejan sus problemas de percepción, la que tiene el adicto de la realidad seguirá distorsionada con o sin un uso activo de alcohol o de otras drogas a menos de que se corrija el proceso de percepción de su pensamiento adictivo.

CREENCIAS ADICTIVAS
Las creencias adictivas representan esas creencias que existen en el adicto y que lo empujan cada vez más al fondo de la adicción.
Algunas de estas creencias pueden estar o no en el adicto, o quizá usted pueda agregar otras a nuestra lista, pero básicamente se relacionaran con las que vamos a presentar porque son las creencias bajo las cuales se rige un adicto:

Estoy en un mundo cruel, duro y que no perdona. Estoy separado de todos los demás.
El sistema de pensamiento adictivo nos hará creer que el mundo es un lugar lleno de juicio y separación, y falto de perdón y unión. Cuando experimentamos esta creencia de separación, nos vemos en lucha contra todo lo que está ante nuestra vista, y es lógico que levantes muros y defensas para protegerte.
Con frecuencia estas son experiencias y aprendizaje de nuestra infancia y nos conducen a ser precavidos y desconfiados. Empezamos a desarrollar la creencia de que el mundo es cruel.

Hay una manera correcta de ver el mundo.
Si creciste en una familia alcohólica o disfuncional, puedes pensar de esta manera. Para compensar la locura e inconsistencia que atestiguaste, puedes defenderte viendo el mundo dividido en bueno y malo, correcto y equivocado. Esta creencia aparta nuestra intimidad. El subtexto de esta creencia es: mi seguridad radica en creer que todo es blanco y negro, que no hay áreas grises en la vida. El reconocer que este punto de vista rígido sobre el mundo carece de verdad, hace que la ansiedad interior salga a la superficie. Esto se debe a que cuando abandonas la rigidez debes enfrentar las ambigüedades de la vida.
Podemos volvemos adictos a cierta manera de vemos a nosotros mismos y al mundo, a pesar del hecho de que tal punto de vista evita que experimentemos la proximidad con otra persona.

Mi manera, mis percepciones son siempre correctas. Para sentirme bien respecto a mí mismo, necesito ser siempre perfecto.
Toda la autoestima se basa irracionalmente en tener siempre la razón. El ser menos que perfecto es inconcebible. Cuando discutimos constantemente y estamos aferrados a tener la razón, en realidad disputamos por nuestra infelicidad.

Puedo controlar el comportamiento de otras personas.
Estas personas con frecuencia ven a los miembros de la familia como cosas, objetos o extensiones de sí mismos: si un niño se comporta mal o si una esposa se viste con mal gusto, lo toman personalmente. Quieren estar seguros de que los miembros de la familia cumplen con ciertas normas y exigencias originadas en el cumplimiento de nuestros deseos y decisiones; sin embargo estas raras veces se cumplen en forma consistente, y por lo tanto, la confusión, la vergüenza y el temor son sus compañeros constantes.

Para considerarme valioso, debo superar, lograr, ganar, tener éxito y mostrar una competencia brillante siempre.
La auto estima puede llegar a ser muy frágil. ¿Sorprende que tal creencia conduzca a la adicción? Esta creencia está basada en el temor de que si bajas tu guardia incluso un segundo, podrías fallar y podrían encontrarte incompetente. El temor de que lo crean a uno un fracaso prevalece en nuestra sociedad. El resultado de esta creencia es que el individuo vive una rutina, con frecuencia con grandes logros, sin embargo, su experiencia interior es un sentimiento profundo de no ser lo suficientemente adecuado.
La autoestima llega al compararnos con otros. Cuando quedamos atrapados en comparaciones, siempre nos sentimos ya sea superiores o inferiores a otros. La superioridad o la inferioridad la celebramos con nuestras relaciones adictivas.

Siempre debo preocuparme si las cosas no son exactamente como pienso que deberían ser.
El yo tiene una forma segura para evitar que nos miremos a nosotros mismos y a nuestro sistema de creencias. Nos alienta a preocupamos totalmente con el caos que nos rodea. Puede ser un pensamiento nuevo para ti el hecho de que la situación no determine tu experiencia. Tal vez te has acostumbrado a sentirte feliz cuando las cosas se hacen a tu manera, e infeliz cuando no te agrada la situación. Podemos comportamos como un robot programado con respuestas para todas las situaciones. Quedamos atrapados al tratar de hacer a nuestro gusto el mundo externo y nos olvidamos de nuestra vida interna. Cuando tratamos compulsivamente de controlar las circunstancias externas, nos garantizamos una vida carente de paz duradera.
Lo único acerca de tratar de controlar las situaciones es que el trabajo nunca termina. Podrás encontrar algo más que necesita ser controlado. Por el contrario, cuando te sientes más cómodo con quien eres, la necesidad de controlar las cosas disminuirá.
Debemos empezar en donde también debemos terminar, y esto es examinando por nuestra mente. Para vivir una vida pacífica, debes reconocer que tenemos control sobre nuestros propios sentimientos pensamientos y reacciones.

Mi autoestima depende de ser aprobado por todos en este planeta.
La aprobación unánime es muy poco probable.
a. Trato de agradar a otras personas para sentirme bien respecto a mí mismo.
b. Fracaso eventualmente porque no puedo agradar siempre a todos. El fracaso origina sentimientos de culpa, los cuales conducen a sentimientos de autoestima baja.
c. Para compensar los sentimientos de autoestima baja, intento agradar todavía más a la gente.
Si haces la acción porque el agradar a otra persona es la única manera como puedes sentirte bien contigo mismo, tu actitud te conducirá hacia la frustración y la desesperación. No es necesariamente el acto el que determina si una persona se comporta de una manera adicta o codependiente, sino la motivación y creencia detrás del acto.

La situación es la que determina mi experiencia.
Se piensa que la paz ocurre a través de la suerte, no por elección ni construcción consciente. Si te encuentras en una situación favorable piensas que has tenido suerte y eres feliz; si te encuentras en una situación mala piensas que no tienes otra alternativa que ser infeliz.
En el sistema de pensamiento adicto tiendes a culpar a otros y a las circunstancias de tu dolor y mala fortuna percibida. Este patrón de culpar puede alcanzar tal grado que puede llegar a ser compulsivo.

Estoy limitado en lo que puedo hacer y en la felicidad que puedo experimentar.
Hay un vocabulario completo dedicado a la creencia de que la gente está limitada. Me refiero a estas palabras que inhiben nuestra habilidad para desarrollarse, crecer, experimentar amor y la creatividad, reforzando el sistema de pensamiento adictivo. Algunos ejemplos de bloqueadores:
Dudo que pueda tener éxito. Sé que debo hacerlo, pero es demasiado difícil. Además, nadie más parece poder tener éxito; es imposible. Lo he intentado con anterioridad; no puedo hacerlo. Si sólo las cosas fueran diferentes. Debo hacerlo, pero tengo esta limitación que me lo impide.
Muchas otras palabras se convierten en obstáculos, cuando son utilizadas para dividir en categorías, evaluar o juzgar, ya sea a ti o a otros.
Con un esfuerzo consciente podemos eliminar estas palabras de nuestro vocabulario. Al hacerlo, daremos pasos gigantes hacia desarraigar el sistema de creencias adictivas. Richard Bach, en su libro Ilusiones, dice una frase que sumaria a los bloqueadores del amor: “Disputa tus limitaciones y con seguridad, son tuyas”.

Debo inquietarme y preocuparme por los problemas de los demás.
Muchos de nosotros podemos tratar de resolver los problemas de otras personas como una manera de proporcionamos alguna clase de autoestima. Ésta es sólo otra forma de dependencia: pensamos que el hacer algo o resolver problemas nos traerá felicidad. Cuando dejamos de ser un súper solucionador de problemas, tal vez sentiremos vergüenza y la autoestima baja que la dependencia ha cubierto. Mi estado de ánimo depende de si soluciono o no problemas ajenos.
Recuerda: Arreglarte a ti no me arreglará a mí.

Otras personas son culpables de las cosas que salen mal en mi vida.
Para evitar nuestros propios sentimientos implícitos de insuficiencia culpamos a otras personas. En ocasiones, nos sentimos tan fuera de control en nuestra vida, que irracionalmente pensamos que el culpar y castigar a otra persona nos devolverá de alguna manera un poco de control. El temor es la base de esta creencia. Mientras huimos del temor, no podemos ni siquiera mirar la fuente del problema real: nuestra mente adicta.
El concienciar y hablar sobre nuestros temores oscuros y ocultos, por lo general nos ilumina y nos hace reconocer que y quiénes somos en realidad.

Los errores exigen juicio y castigo, no corrección y aprendizaje.
El sistema de pensamiento adictivo es juez y carcelero. Cuando creemos que debemos juzgamos y castigamos por cada error, nos damos poca oportunidad para crecer. Una creencia negativa puede tener efectos profundos en toda tu vida, puede evitar que hagas las cosas que deseas hacer.

La culpa no tiene escape porque el pasado es real.
Mucho de lo que evita que cambiemos nuestras vidas es la creencia de que hemos hecho algunos actos en el pasado que son tan malos que debemos sentir culpa. Toda esta creencia es lo que nos mantiene apegados a la culpa y valora en poco nuestra autoestima. Nos sentimos sin esperanza.

Siempre debo pensar en el pasado por si se repite en el futuro. Ayudará si continúo pensando en la posibilidad de que pueda ocurrir.
Muchas personas dirigen sus vidas con base en la creencia de que el pasado se repetirá. Esta creencia conduce a una falta de confianza, a la cautela. La ironía es que el solo hecho de pensar en un posible suceso negativo puede ocasionar que éste ocurra. Si ponemos suficiente energía al pensar que algo sucederá, bueno o malo, esto podría suceder. Cuando vemos nuestra predicción negativa convertida en realidad, incrementamos nuestro cometido de preocupamos por la siguiente catástrofe. El punto es que la preocupación excesiva causa más daño que bien.
Cuando estamos preocupados por el futuro y el pasado, es probable que nos sintamos miserables. Al dejar de preocupamos empezamos a ocupamos ahora y experimentamos alegría.

Ocultar y evitar mis sentimientos hace que mi vida sea segura y feliz.
A pesar de la opinión popular, la represión y la dilación no son las llaves para la felicidad. A través de nuestras adicciones hemos intentado ahogar nuestros sentimientos de ira, ansiedad, angustia, falta de mérito y culpa. Cuando detenemos nuestro comportamiento al enfrentar el sistema de pensamiento adictivo, el dolor reprimido saldrá a la superficie. Al permitir que este proceso se desarrolle (usualmente con la ayuda de un amigo, un terapeuta o un orientador en un programa de doce pasos) y al abrimos camino a través de nuestro dolor, una vez más nos convertimos en seres humanos. La dilación es una manera indirecta de decir: “No confío en mí mismo, en mi intuición o en Dios”. Nuestro dolor nos hace temer movemos en cualquier dirección y quedamos atascados. Dilatamos para cambiar la situación. Mientras más temor sentimos, más dilatamos. Al dilatarnos, adoptamos formas de ser adictas, para evitar nuestros sentimientos y crear más motivos para que no nos agrademos.

Soy débil y necesito depender de alguien o algo fuera de mí para sentirme completo y feliz.
Puedes tener la sensación de ser débil, incompleto o de alguna manera insuficiente. Incluso el estar a solas durante unas horas puede hacerte sentir incómodo. Puedes descubrir que las drogas u otras adicciones te proporcionan alivio temporal, sin embargo, muy en el fondo persiste la sensación de estar incompleto.
Ninguno de nosotros llegó a este mundo con una pieza faltante. Puede necesitarse paciencia y perseverancia para recordar nuestra integridad, pero está allí.
Esto no es decir que no necesitamos intimidad con otras personas. Sin embargo, el estar en una posición dependiente no es intimidad, sino eso, dependencia, y está basada en la creencia de que nos falta algo. Cuando estamos conscientes de nuestra integridad, podemos entonces empezar a compartimos verdaderamente con otros. También podemos permitimos ser nutridos.
Somos capaces de intimidar cuando podemos iniciar relaciones conociendo nuestra integridad y deseando compartir abierta y honestamente lo que somos; para hacerlo debemos tomar la elección consciente de empezar a buscar dentro de nosotros mismos.
Es importante comprender los resultados de tu modo de pensar, para que puedas buscar formas nuevas de estar en el mundo. Sin embargo, dicha realización en sí no necesariamente conduce al cambio. Hay que comprender nuestra forma de pensar, sentir y actuar, buscar y encontrar esas nuevas formas de estar en el mundo y ponerlas en práctica.
Los ciclos del sistema adictivo, son patrones de pensamiento y comportamiento aprendidos y construidos, y por lo tanto, también pueden ser omitidos y destruidos.

 

 

 

CARACTERÍSTICAS DE LA ADICCIÓN
-La hipersensibilidad
-La culpa y la verguenza
-La Ira
-La pared de reclusión
-La lógica emocional del adicto
-La foma en que los adictos se tratan asi mismo y a los demas
-Confusión de causa y efecto
-Creencias adictivas

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